Su velocidad, con la que corta el viento sobre el tartán le ha hecho valedora del apodo 'Pequeña cuchilla'. Marlou van Rhijn (Amsterdam, 22 de octubre de 1991) llegó al atletismo hace tan solo dos años por casualidad, cuando un entrenador del equipo paralímpico holandés le propuso competir en esta disciplina.
Marlou compite en la categoría T44 de las pruebas de velocidad de estos Juegos Paralímpicos de Londres -plata en los 100 metros y oro en los 200-. Para que se hagan una idea, van Rhijn es justamente la versión femenina de Oscar Pistorius -aunque el sudafricano ha llegado a esta cita en bajo momento de forma-, porque también utiliza esas particulares prótesis de fibra de carbono.
Nació con problemas en la parte inferior de sus piernas y, al poco tiempo de nacer, tuvieron que amputárselas por debajo de la rodilla. Ella misma asegura que este hecho no le impidió para desarrollar una vida más o menos normal, una vida en la que jugar con el resto de los niños sintiéndose completamente aceptada. Incluso, se apuntó a clases de natación.
Ese fue el comienzo de una vida dedicada al deporte. Tanto que, con 13 años, comenzó a competir a nivel profesional batiendo varios récords de su país. Fue una de las mejores paralímpicas en la piscina durante cinco años, hasta que perdió la motivación.
Con 18 años se matriculó en Economía de la Empresa la Universidad Johann Cruyff de Amsterdam y se dio cuenta de que había estado muchos años dedicada en cuerpo y alma al deporte y que le apetecía salir y pasárselo bien con sus amigos. Poco a poco dejó de sentir "la adrenalina de la competición". Y salió del agua.
Recuperando la ilusión
Sin embargo no tardó mucho en volver a ponerse en marcha. En 2010, un año después de que dejara la natación, un entrenador del equipo paralímpico de atletismo de su país le propuso que probara en las pruebas de velocidad. Hoy es la mujer más rápida habiendo batido los récords del mundo de 100 y 200 metros este mismo año.
Al principio competía con unas prótesis normales, hasta que, hace un año, se puso por primera vez estas más modernas de fibras de carbono. Ese día comprendió lo que era la libertad de correr con dos piernas, como un atleta sin discapacidad. Desde entonces, no ha parado de sorprender al mundo.
Hay quienes le han preguntado por qué no las lleva puestas de contínuo. La respuesta es sencilla: "Porque están hechas para correr y no voy corriendo por la vida. Además no se ven bonitas cuando uso falda". Y si siempre se vio normal sin este elemento de competición, ¿por qué cambiar ahora?
Eso sí, la ambición le hace soñar con, algún día, emular a Pistorius, su gran ídolo, y competir en unos Juegos Olímpicos.