No pudo ser. No consiguió calificar Atenas en 2004 ni para Pekín 2008. Lo intentó una vez más. Un tercer intento que sabía que era el último de su carrera. Ruth Aguilar Fulgencio (Torrent, Valencia, 3 de febrero de 1975) entró en los Juegos Paralímpicos de Londres gracias a su brillante actuación en el Campeonato de España celebrado en Bilbao.
La vida de Ruth cambió a los 19 años. Un accidente de tráfico la postraba en una silla de ruedas y acababa con su brillante y prometedora carrera deportiva. Era una de las estrellas del balonmano femenino español en los años 90 y representaba a la Selección Española en las categorías inferiores como portera.
Se acabó. ¿O no? Optó por luchar y conocer de cerca en deporte adaptado. Lanzadora profesional desde hace cuatro años, compite en lanzamiento de peso y de jabalina, pero también practica otros deportes desde su silla de ruedas como el 'handcycling' -una modalidad especial para discapacitados-, levantamiento de peso y, de vez en cuando, se quita el gusanillo del balonmano.
Se decidió a hacerlo partiendo de la base de una idea tan práctica como cierta: "La vida me ha dado una segunda oportunidad, hubiera podido morir y ahora tengo una vida plena". Si todos pensásemos como ella y abandonásemos los prejuicios "por desconocimiento", como ella afirma, contra este tipo de personas, nuestro mundo sería mucho mejor.
Pongamos la primera piedra fijándonos en el quehacer diario de nuestros atletas. Atletas como esta torrentina que les presentamos.
Su hijo, su vida
Casada y con un hijo de seis años, Joan, su vida, más allá de los entrenamientos, se centra en las labores domésticas. Sentada en su silla, compagina su labor de madre, lo más importante que tiene, con seis horas de actividad física para estar en perfectas condiciones en cada cita.
Ese pequeño que le cambió la vida está como loco de contento. La atleta valenciana cuenta que Joan presume de madre en el colegio, porque va a ir a Londres y se va a venir con un montón de medallas. Él la animará desde casa con una camiseta que se ha hecho con el nombre de la mujer que le dio la vida. La única espina clavada que tiene Aguilar es que su padre murió hace unos años y no ha podido verla llegar en esta cita tan importante, algo que le habría enorgullecido hasta límites infinitos.
La pasión que le hace perder dinero
Aguilar es lo que se dice una 'manitas'. Tanto que, ante la falta de ayudas para practicar su deporte, se tuvo que fabricar ella misma la silla de ruedas especial reglamentaria para poder competir, lo que le ha supuesto una inversión de 3.000 euros para poder cumplir su sueño. Porque, asegura que, en 19 años que lleva compitiendo como paralímpica, le han costado mucho dinero de su propio bolsillo.
Sin ayudas del plan ADO y sin ningún otro salario, Ruth pretende dar lo mejor de sí en esta cita para encontrar un patrocinador que le eche una mano y le permita pagarle algo a su entrenadora, Isabel Valera, que, como el resto de entrenadores de estos héroes casi anónimos, no ve un duro.
'La nina', un apodo que le viene de sus inicios en el deporte adaptado, cuando probó suerte con la natación, expresa con pena que los deportistas paralímpicos no son reconocidos como profesionales. Durante una época intentó compaginar los entrenamientos con un trabajo en la ONCE, pero acababa tan cansada que sus resultados empeoraron considerablemente y tuvo que dejarlo.
Solo lanza un mensaje a las mujeres de este país: le encantaría que las chicas se implicaran más en la práctica deportiva. La excelente actuación de ellas en los Juegos Olímpicos quizás sea ese punto de partida que esta campeona reclama.