16 años y, con las competiciones sin concluir, dos oros olímpicos colgados al cuello. Esa es la carta de presentación de Ye Shiwen, que llegó a la capital británica con un único objetivo en mente: ser historia viva de los Juegos Olímpicos.
Y vaya si lo está haciendo. En su primera final pulverizó el récord del mundo de los 400 metros estilos que había establecido cuatro años atrás, en los Juegos de Pekín, Stephanie Rice. Pero la mayor peculiaridad es el tejido del bañador con la que ye se sumergió en la piscina del Centtro Acuático de Londres.
Después de varios años en los que el poliuretano de los llamados 'bañadores tramposos' consiguió otorgar una ventaja de aproximadamente 54 centésimas a los nadadores, la duda estaba en si las nuevas normas en cuanto al uniforme de trabajo en Londres -vuelta al material textil, nada de plástico- harían de la competición un desfile de carreras sin interés, o si serían capaces de tirar por tierra el trabajo hecho con esos bañadores que favorecían la flotabilidad.
La joven china lo dejó claro el primer día. Rebajó en un segundo y dos centésimas aquel récord de la australiana Rice, batiendo la primera plusmarca mundial de aquellas 20 que se establecieron en la era del poliuretano. Sin embargo, hay quienes no se creen que esta niña prodigio esté limpia.
Tanto sus compatriotas como ella ya han salido a desmentir los rumores que apuntan que Shiwen habría podido consumir alguna sustancia que le diera ventaja sobre sus competidores. En su país, los internautas han convertido la red en un lugar donde defender la inocencia de Ye, asegurando que su marca estratosférica -hubiese sido medalla en la final masculina de haberla disputado- no se debe a otra cosa que a su duro trabajo.
La propia nadadora china ha declarado a la agencia china Xinhua que "no hay dopaje alguno, el equipo chino tiene unas políticas antidopaje muy estrictas", añadiendo que desde niños han entrenado "de manera científica" para llegar a copar el medallero.
Disciplina, disciplina y disciplina
Y puede que Ye tenga razón. De la deportista que está causando sensación en Londres poco se sabe, ya que a los atletas y los entrenadores chinos tienen una prohibición del gobierno que les impide conceder entrevistas. Pero lo que sí se conoce es que viven a caballo entre las instalaciones de alto rendimiento situadas en el Himalaya, en la villa de Duoba, en la provincia de Yunan, y las piscinas climatizadas del Miami Aquatic Center, en Gold Coast, Australia.
Nacida en la ciudad china de Hangzhou, Shiwen es una más de todos esos deportistas chinos descubiertos en las escuelas públicas de todo el país. Cuando ella tenía seis años, un maestro se dio cuenta de que la niña tenía unas manos y unos pies grandes para su edad y fue quien le recomendó dedicarse a la natación. Hoy calza un 41 y eso que no ha terminado de desarrollarse.
La agencia Xihuan, ante los rumores de dopaje, simplemente ha asegurado que Ryan Lochte, el vencedor de los 400 estilos masculinos, "puede dar las gracias de que Shiwen sea mujer y no pueda competir contra él". ¿Hasta dónde llegará Ye? Su juventud deja muchas esperanzas abiertas a una mejora que, quizás, nos haga hablar de aquí a unos años de la nueva reina de la piscina.