Las 11 medallas de mujeres logradas en los Juegos Olímpicos de Londres han abierto el debate de por qué no se presta más atención al deporte femenino en España. Antes que ellas, otras muchas se esforzaron por allanar el camino.
El
"soy español, ¿a qué quieres que te gane?" ha pasado a mejor vida. Tras el increíble rendimiento de las féminas de la delegación española en los
Juegos Olímpicos de Londres, se ha acuñado un nuevo lema que hace honor a las 11 de 17 medallas conseguidas por las mujeres en la capital británica:
"Soy español. ¿a qué quieres que te gane mi mujer?".
Y es que los dos oros, cinco platas y cuatro bronces cosechados en Londres han
levantado el debate de por qué no se les presta mayor atención mediática, por qué no se les concede mayores ayudas para ayudar a conciliar la vida profesional y la personal -muchas de nuestras olímpicas han tenido que parar su carrera para convertirse en madres- o, simplemente,
por qué no se les reconoce públicamente el valor que tienen sus hazañas.
Es cierto que en muchos deportes han tardado algo más en, ya no profesionalizar, sino semiprofesionalizar, su actividad, pero no menos cierto es que
podemos estar asistiendo a la eclosión de una nueva generación de deportistas de sexo femenino capaces de revolucionar los esquemas de la información deportiva. Eso sí,
para ser portada de un diario especializado en la materia, necesitan que su proeza roce lo épico.
Resultados históricos en los Juegos Olímpicos
La primera vez que una mujer española tomó parte de una competición olímpica fue en
París 1924. En aquella ocasión fueron dos tenistas, Lili Álvarez y Rosa Torras, las que participaron en el cuadro individual. Sin embargo, este hallazgo fue un hecho aislado que
no se convirtió en algo habitual hasta Roma 1960, momento en que, por segunda vez en nuestra historia, la delegación española contó con féminas en su equipo.
Sí, desde Roma las mujeres españolas tuvieron un hueco en los Juegos, pero
no fue hasta 1992 cuando una de ellas pudo colgarse una medalla. La encargada de abrir la veda fue la judoka Miriam Blasco -durante la competición de judo en Londres ha sido la encargada de acompañar en los comentarios de TVE-.
Durante aquellos Juegos inolvidables en la Ciudad Condal, para los que se establecieron las becas ADO para que los deportistas llegaran en las mejores condiciones a
una cita histórica para nuestro deporte, las chicas lograron ocho preseas.
Cuatro años después, la cosecha femenina fue solo de seis. Y, en posteriores Juegos, los metales obtenidos por mujeres españolas fueron de cuatro medallas -dos de ellas las de oro de la judoka Isabel Fernández- en Atenas 2004, en Sydney 2000, cinco y cuatro más en Pekín 2008. Así pues, con las 11 conseguidas durante las últimas semanas en Gran Bretaña, las mujeres españolas han dado al medallero español 39 preseas.
Antes de los Juegos Olímpicos de Londres, clausurados el pasado 12 de agosto, nuestras féminas habían aportado el 23,72% de las medallas. Ese porcentaje se ha elevado al 28,88% después de su espectacular participación en la capital de Gran Bretaña. ¿Será este un paso hacia la paridad en este terreno?
Claves de su éxito
Los expertos apuntan a
tres causas como explicación a la eclosión de nuestro deporte femenino. La
primera de ellas sería el mero reflejo de lo que está ocurriendo en la sociedad, donde la mujer se está abriendo hueco con paso firme.
Así,
Teresa Zabell, una de las primeras medallistas españolas, en Barcelona'92, sostiene esto de la siguiente manera:
"Las mujeres ocupan más plazas universitarias, sacan por término medio mejores notas y en estos Juegos han ganado más medallas. Supongo que es un reflejo de la sociedad. hace 20 o 30 años se encontraban muy por detrás en la participación. Todo lleva su tiempo, han seguido trabajando y han llegado a este nivel".
En segundo lugar, a esa igualdad que cada vez es más patente en la sociedad, se une el carácter luchador de la mujer que, habitualmente, al no ser el deporte su única dedicación, tiene que hacer mayores esfuerzos para lograr el objetivo. Tienen que hacer frente a varias tareas y esforzarse hasta el límite. Por eso, a la hora de la competición, sobre todo en esos deportes en los que te juegas todo en unos pocos minutos -véase las artes marciales-, están psicológicamente preparadas para salvar la situación con solvencia.
A estos dos puntos se une la igualdad de oportunidades. Cada vez son más las ayudas económicas para el fomento del deporte femenino. Y, con ,los mismos recursos a su disposición, está claro que ellas son capaces de sacar más partido. Eso sí, no consiste ahora en quitar medios y oportunidades a los hombres, sino que la tendencia sea de absoluta igualdad para proseguir con esta dinámica.