Durante dos meses, pasan
horas y horas buscando el
más mínimo resto de los
primeros europeos. Cuatro
arqueólogas del mayor
yacimiento del continente,
nos descubren cómo trabajan
en busca de los orígenes de
la humanidad.
Escondido en la serranía de Burgos se encuentra uno
de los tesoros arqueológicos más preciados de la humanidad:
los yacimientos de la Sierra de Atapuerca.
El 90% de la información que existe en el mundo
sobre la prehistoria proviene de sus cuevas y del trabajo
incansable de sus arqueólogos, que desde 1978 asombran
al mundo con sus descubrimientos. ¿Quién no recuerda el célebre
hallazgo del elegante rostro del 'Homo antecesor', que puso
cara al primer europeo que habitó el continente hace 800.000
años? ¿O las investigaciones sobre los primeros caníbales de la historia? ¿Y el descubrimiento reciente del homínido de
más de 1.200.000 años?
De la mano de cuatro de los 150 arqueólogos
que trabajan en el yacimiento, descubrimos cómo investigan
sobre nuestros misteriosos orígenes.
"Yo nunca quise ser arqueóloga", confiesa Rosa Huguet frente a la Sima del Elefante, uno de los siete
yacimientos que, junto con la Gran Dolina, el Mirador, la Galería,
el Portalón, la Sima de los Huesos y la Galería de las Estatuas
componen la parte abierta durante este año en el sitio arqueológico.
"Yo quería ser profesora de Historia contemporánea. En
la Universidad de Tarragona, conocí a Eudald Carbonell [uno de
los tres co-directores de Atapuerca] y todo cambió. Dejé la Historia
para dedicarme a la Arqueología. Primero estuve un año
en otro yacimiento y en 1994 ya empecé en este".
A partir de ese
momento, su vida dio un giro radical.
Rosa dice que no cree en las casualidades ni en la suerte, pero lo
cierto es que en 2007, excavando
en la Sima del Elefante, encontró
uno de los mejores regalos que
podía hacer al conocimiento de
la evolución humana y, por supuesto,
a ella misma. "Encontré
un diente humano", recuerda. Al
instante, ella y sus compañeros
se dieron cuenta de que algo muy
importante acaba de suceder.
Llevaban tiempo excavando en
la zona y la datación de los restos
anteriores era de fechas hasta ese
momento nunca vistas en el continente.
"Cuando lo tuvimos en la mano, supimos la importancia que iba a tener en el conocimiento
de la evolución. La pieza pertenecía a un homínido de hace
1.200.000 años, por eso se le considera el 'primer europeo". Su
emoción se contagió al resto del equipo, que terminó celebrando
con cava uno de los descubrimientos más importantes que se
han realizado sobre la prehistoria.
Para Palmira Saladié, arqueóloga especializada en Zooarqueología,
ese fue también un día muy especial. Acaba de llegar a la
Sima del Elefante para buscar algunos materiales y fue testigo
de aquel importante descubrimiento: "Corrí de vuelta hacia la
Gran Dolina para avisar a mis compañeros. Fue una emoción
increíble. La ilusión de descubrir algo así es enorme, pero nosotros
no trabajamos con un objeto, sino con un contexto. Algo así
no te cambia la vida, te cambia el concepto que tienes de ella,
tu forma de ver a la sociedad a través de lo que descubres en el
pasado", explica esta catalana de 37 años.
Ella, al contrario que Rosa, siempre tuvo muy claro
que quería ser arqueóloga: "Estaba estudiando 5º de EGB y,
mientras miraba en clase la imagen de un poblado neolítico en
el libro de Historia, lo tuve clarísimo. Llegué a casa y se lo dije a
mis padres. Sabía lo que quería, pero no sabía como conseguirlo".
En la Universidad de Tarragona encontró la forma de hacerlo y
hoy está en uno de los equipos arqueológicos que son referente
mundial. Palmira decidió especializarse en Zooarqueología,
"una ciencia que estudia la relación entre los humanos y la fauna,
a través de los huesos de los animales que encontramos en
los yacimientos arqueológicos".
La importancia de Atapuerca para el mundo se refleja perfectamente
en las palabras de Palmira: "Es uno de los yacimientos
donde estamos descubriendo cómo era la prehistoria más antigua
en Europa y tenemos una colección de fósiles humanos
que no existe en otro lugar del mundo. Gracias a esto, podemos
conocer cómo eran y vivían los grupos humanos del pasado".
Para llegar a estos conocimientos sobre la evolución de la humanidad,
el trabajo que desarrolla Lucía López es clave. "Soy arqueóloga
restauradora y me encargo de recuperar información
de los restos óseos y de la industria lítica [herramientas de piedra].
No la reconstruimos, la recuperamos", asegura. Lucía nació
en Madrid pero, al igual que sus compañeras, vive en Tarragona
porque trabaja en el Instituto de Paleoecología Humana y Evolución
Social de esta ciudad. "La temporada de excavación en
Atapuerca dura dos meses, junio y julio –afirma la restauradora–.
Después, todas las piezas que hemos encontrado se llevan
a diferentes laboratorios para estudiarlas".
Para ella, Atapuerca siempre fue un referente, porque ya había adquirido fama internacional
cuando estaba en la Universidad. Pero ahora un lazo
sentimental le une al yacimiento: "Aquí fue donde empecé y
aquí sigo trabajando. Desde 1996 vengo todos los veranos para
participar en la excavación. Si
no viniera a Burgos todos los
años, me faltaría algo, esto es
parte de mi vida".
La mayoría de integrantes de
este equipo arqueológico son
mujeres. Lucía reconoce que,
en su especialidad, ellas son
"abrumadora mayoría, aunque
es cierto que los jefes siguen
siendo hombres". La profesión
ha sufrido un cambio radical en
la última década. Lo dice Rosa,
que comenzó sus estudios en
clases donde casi todos eran hombres. Ahora sucede lo contrario: "Creo que antes era un
profesión que no se veía bien para una chica, pero afortunadamente
eso ha cambiado".
Marina Mosquera lleva 24 años trabajando en Atapuerca. Los
yacimientos burgaleses son para ella "como la niña de mis ojos.
He estado excavando lo mejor que han dado, incluidos los restos
de TD6, el llamado niño de la Gran Dolina".
Este descubrimiento
supuso un antes y un después en la forma de entender
la prehistoria en Europa. Los restos encontrados en 1994 dieron
un giro a las teorías sobre la ocupación del continente, que se
creía inferior a los 500.000 años. Marina y su equipo le dieron al
mundo otra perspectiva, gracias primero a un molar de 800.000
años de antigüedad y después al célebre malar, la parte de la
cara, que ha dado nombre a la especie 'Homo Antecesor'.
En ese hueso se aprecian los esbeltos rasgos modernos
de un niño de unos 12 años. "Fue una sorpresa absoluta encontrar
un homínido de 800.000 años en Europa, no existía ningún
resto humano tan antiguo. Aquí
–dice, señalando un lugar en la
tierra– es donde Aurora Martín,
la arqueóloga que trabajaba
a mi lado en la Gran Dolina,
encontró el famoso molar y me
lo extendió para que lo viera. Yo
no me lo podía creer. Comencé
a llorar y reír a la vez, vivimos
una emoción desbordante, recordábamos
todo el esfuerzo
que habíamos realizado, pero
el resultado estaba ahí. Fue impresionante",
recuerda.
Marina es doctora en Prehistoria
y está especializada en
Arqueología Cognitiva. En la universidad da clase de esta especialidad,
así como de métodos de excavación. "Es una rama de
la Arqueología que pretende investigar todo lo que tiene que ver
con la cognición superior, es decir, es una lectura de la complejidad
que nos hace más humanos. Se trata de ir más allá de la
técnica y entrar en la mente de estos individuos, hasta donde
se pueda", señala.
Un ejemplo para entenderlo: ¿cómo pasaron
esos homínidos de usar dos manos a una?, ¿por qué? La Arqueología
Cognitiva pretende dar las claves del origen de todos los
atributos complejos de la mente humana moderna: el lenguaje,
el aprendizaje, el uso del instrumental...
Marina se emociona al hablar de los descubrimientos, de los datos,
pero sobre todo de las personas que trabajan cada año en
Atapuerca. Todos son importantes para que obtener los mejores
resultados. Y es que Atapuerca es el cofre donde se esconden
los tesoros de la prehistoria mundial. "Ha sido una suerte poder
tener este yacimiento y excavarlo", dice Rosa. Aunque, apostilla
Marina, "siempre queda algo más importante por encontrar".