En 2011, las normativas de algunos países han obligado a utilizar a las firmas automovilísticas maniquíes femeninos para sus diferentes pruebas de choque; pero no siempre ha sido así. Desde hace años, la figura del hombre ha sido la empleada principalmente para medir las lesiones que un accidente puede provocar en los pasajeros, relegando a un segundo plano la constitución física de la mujer, que puede variar considerablemente las consecuencias de un choque.
Hubo un tiempo en el que la seguridad de los ocupantes no era el aspecto más tenido en cuenta a la hora de diseñar un automóvil. Hasta bien entrada la década de los cincuenta no surgieron las primeras asociaciones y defensores del consumidor que exigían a los fabricantes un mayor esfuerzo en este sentido.
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