Elegir una
historia. ¿Quién no ha
sentido la horrible
experiencia de estar
sentado delante de
una hoja en blanco?,
se pregunta Amos
Oz en “La historia
comienza”. “Empezar a
contar una historia es
como tontear con una
persona desconocida”.
El comienzo de “La
dama del perrito”, de
Chéjov es un ejemplo.
Cuenta la relación
entre dos casados:
Gúrov, un aburrido
hombre de Moscú y
Ana, que pasa unos
días en un balneario.
“Decían que por el
paseo marítimo había
aparecido una cara
nueva: una dama con
un perrito”. En pocos
párrafos Chéjov perfila
la vida de Gúrov y
relata el encuentro
con Ana. “Llamó con
gesto cariñoso al lulú
y, cuando el perro se
acercó, lo amenazó con
un dedo. (...) La dama
lo miró y al instante
bajó la mirada.
–No muerde –dijo y se
sonrojó.
–¿Puedo darle un
hueso?
Y cuando ella movió
afirmativamente
la cabeza, Gúrov le
preguntó en tono
afable: ¿Hace mucho
que ha llegado a
Yalta?”.
Tanto a Gurov como a
Chéjov, afirma Amos
Oz, se les da un hilo
que seguir. Empieza el
coqueteo y el relato
despega. “El
comienzo de
los relatos es
un hueso,
algo con
lo que
cortejar
al perrito,
que puede
acercarte
a la dama”,
dice Amos Oz.
Como la vida
misma. Quizás los que
hayáis leído
“La peste”, de Albert
Camus. ¿Recordáis
a Grand, uno de sus
personajes? Escribe y
reescribe cien veces
la primera frase de un
libro y nunca pasa de
ahí. Escribir es como
escalar una montaña.
A estas alturas, ya os
habréis dado cuenta
de que nuestro sherpa
oficial es Chéjov.
Nunca escribió un
tratado sobre creación
literaria, pero de sus
innumerables cartas
podemos entresacar
algunas de las claves de
su método de trabajo.
1. Escribe sobre
cualquier tema,
alegre o triste, bien o
mal. Mande relatos,
bocetos, anécdotas,
chascarrillos.
2. Toma algo de la vida
real y cotidiana, sin
trama y sin final.
3. Lo he visto todo;
no obstante, ahora no
se trata de lo que
he visto, sino
de cómo lo he
visto.
4. El artista
no debe
convertirse
en juez
de sus
personajes
ni de sus
palabras, sino
en un testigo desapasionado.
5. La brevedad es
hermana del talento.
6. Es más fácil escribir
sobre Sócrates que
acerca de una señorita
o una cocinera.
Tentativas... A modo de ejercicio, piensa en una historia y escribe cinco comienzos diferentes. Puedes sorprender, pero evita ser ingenioso. Y como dice en uno de sus decálogos Andrés Neuman, contar un cuento es saber guardar un secreto. No obstante, recuerda que puedes hacer caso a estos consejos o buscarse otros. No son transferibles.
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