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Historia
de un clavo
Decía Chéjov,
nuestro sherpa
literario, que, si
un clavo aparece
en el principio del
desarrollo de un relato,
el protagonista debe
ahorcarse al final
con ese mismo clavo.
Nada es casualidad,
por tanto, cuando se
escribe un cuento. La
diferencia está en el
método. Como hace
el escritor García
Márquez, podemos
valernos de una
pequeña escaleta
(algo parecido a lo que
utilizan los guionistas
en los programas y
series de televisión)
para estructurar la
historia y tenerla
armada antes de
escribirla o, por el
contrario, entrar a saco
y escribir el cuento de
un tirón, como si las
primeras líneas fueran
el hilo de una madeja
y tiráramos de ellas
sin descanso, hasta
el final. Para otros
muchos autores, no
son el inicio ni el final
los determinantes, sino
la parte central de la
historia. “La mayoría
de los relatos –escribe
Richard Ford en su
reciente ensayo “Flores
en las grietas”– se
desarrollan, casi
por completo, en lo
que se podría llamar
zonas centrales, entre
lo que está escrito
entre el crucial e
ingenioso comienzo
y su geométrico e
innegociable final”.
¿Quién
cuenta?
A estas alturas ya
habrás advertido
que en este taller
queremos animar a
leer y escribir. No
disponemos del tiempo
ni el espacio necesario
para desarrollar
todas las claves que
intervienen en la
escritura de un cuento:
creación de personajes,
descripciones, cómo
afrontar el espacio y
el tiempo. Todas son
fundamentales, pero,
si tuviera que destacar
una, elegiría el punto
de vista. Con múltiples
matices, recordarás
que la historia puede
narrarse en primera,
segunda o tercera
persona. La voz que
cuenta la historia será
lo más importante.
Como ejercicio para
comprobar el alcance
de estas palabras, elige
un relato y cambia el
punto de vista. Si está
en primera persona,
pásalo a tercera y
viceversa.
TOMARSE EL PULSO
Si hay algo a lo que se parece la
escritura es a la cocina. Cuando
estamos entre fogones se mezclan ingredientes,
pero no siempre sale un buen plato. De igual forma,
un cuento puede estar escrito correctamente, pero
estará muerto si carece de tensión. En palabras de
Raymond Carver, la tensión es la sensación de que algo
inminente va a pasar. Carver no hizo más que subrayar
una de las enseñanzas de Chéjov, quien pedía que
en un cuento hubiese siempre suspense. Y no
hablamos de que haya muertos ni asesinatos en
serie. El suspense más difícil de conseguir
es cuando hablamos de lo cotidiano. Y
recuerda, reescribe las veces que
haga falta tu historia.
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agosto te daremos las
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