Septiembre es para muchos el verdadero comienzo del año. Es un punto de inflexión en el calendario de la moda, y se inaugura oficialmente la nueva temporada de otoño. Toca hacer un cambio radical de armario y sustituir, con cierta pena, los vestidos livianos por las chaquetas de entretiempo. ¡Pero al mal tiempo, buena cara! Es el momento perfecto para hacer balance y ver qué podemos aprovechar y qué desterrar.
Lo primero es ponerse al día con los grandes 'hits' del otoño. ¿Qué se lleva? Blogs y revistas, con sus especiales de moda, nos descubren las propuestas de los grandes diseñadores. ¿Los imprescindibles? Las camisetas con tachuelas de Isabel Marant, una chaqueta militar como la de Salvatore Ferragamo, unas
botas altas a imagen y semejanza de las de Givenchy, una americana de terciopelo como propone Kenzo y una camiseta con un búho estampado a lo Burberry Prorsum.
SI QUIERES conseguir el 'kit' completo con un presupuesto reducido las marcas 'low cost' nos ayudan a comenzar la temporada renovando nuestro 'outfit'. Otra opción para tiempos de crisis, es bucear en nuestro propio guardarropa. Dicen que todo vuelve y con un poco de paciencia, podemos encontrar auténticas joyas 'vintage'. La idea es comprar en nuestro propio armario. Pero tarde o temprano toca salir de shopping, si queremos poner a punto nuestros looks de otoño. El reto es el mismo de siempre: comprar con sentido común y no perdernos por el camino de los antojos. Seamos realistas, la mayoría tenemos ropa suficiente para las próximas tres reencarnaciones. Por ello, no viene mal hacer examen de conciencia, como ha hecho la periodista canadiense Sarah Lazarovic, que comenzó en enero una curiosa dieta de 'shopping': un año de abstinencia consumista.
EN ESPAÑA, han surgido iniciativas algo menos radicales. Un blog de moda sostenible, A Style Manifesto, se ha propuesto el 'objetivo armario' para poner freno a las compras compulsivas. El reto que nos propone es adquirir solo 10 prendas al año. No están incluidos en el recuento los básicos, los regalos ni los artículos de primera necesidad. Pero sí todo aquello que entre en la categoría de capricho.
De esta forma, antes de comprar algo nos lo pensaremos un par de veces.
La intención es buena, pero no me veo capaz de cumplirlo a rajatabla. El único vicio que tengo es renovar el armario con frecuencia y tampoco es cuestión de tomar medidas drásticas. Pero sí puedo marcarme un límite al mes, que me haga recapacitar antes de desenfundar la tarjeta. ¿Quién se apunta?