El diseñador Marc Jacobs y la artista Yayoi
Kusama colaboran con un mismo objetivo:
fusionar, de nuevo, arte y moda.
Esta no es otra colaboración
entre una fi rma y
un artista. A tenor de las
declaraciones de Marc Jacobs
sobre Yayoi Kusama (Matsumoto,
Nagano, 1928), lo suyo
es un flechazo. Algo excepcional
que no ocurría, quizá,
desde aquel primer trabajo en
común de Jacobs con su amigo
Stephen Sprouse, en el 2000.
“Si no hubiese hecho arte, me
hubiera suicidado hace mucho”,
ha declarado Kusama,
leyenda viva de la creación,
superviviente de sí misma, de
una madre que la maltrataba
por su afición a la pintura y
del mismo mundo.
Desde 1975
vive, de forma voluntaria, en
un sanatorio mental en Tokio.
Su terapia es su trabajo, una vía
de escape a unas alucinaciones
que comenzaron cuando era
una adolescente y explotaron
cuando escapó del
hogar familiar. Sus
obras, muchas de
ellas pobladas de
infi nitos lunares, obsesión
que se ha convertido
en “marca de
la casa”, han lograron el reconocimiento del Nueva
York de la era del pop, aunque
su enfermedad la obligó a volver
a su país natal. Jacobs la
visitó en 2006 en el sanatorio
donde vive desde entonces. La
conexión entre ambos fue instantánea:
ella le trajo un bolso
Speedy ya customizado con
sus topos. Premonición. De
aquel encuentro nació una
operación global de reivindicación
de la obra de Kusama que va más allá de lo
comercial. Louis Vuitton patrocina
la retrospectiva que ahora
llega a Nueva York tras pasar
por Madrid, París y Londres.
“La inocencia de su obra me
conmueve”, ha declarado Marc
Jacobs, subyugado tanto por
el trabajo como por la historia
personal de Kusama. En su ánimo
no solo está repetir el éxito
de las piezas creadas en colaboración
con Sprouse o Murakami,
sino “lograr un público más
amplio para el trabajo de Yayoi.
Concibo la colección como un
nuevo lugar en el que ver su
obra, para las personas que no
van a galerías ni a museos”.
KUSAMA EN EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS
¿Conseguirá
Kusama el éxito
de sus antecesores?
¿Lograrán sus
lunares batir a
Murakami y sus
cerezas? Si acaba
entrando en el
Olimpo de los
“clásicos”, no sería
la primera vez
que esta firma
logra que ciertas
piezas sobrevivan
temporada tras
temporada. Un
ejemplo: el pañuelo
con estampado de
leopardo creado por
Jacobs y Stephen
Sprouse.