Jessica Chastain es lo que en la jerga de Hollywood se conoce
como “the next big thing”, es decir, la próxima gran
estrella. Esa que aúna talento, belleza y un ingrediente
secreto que la diferencia del resto de actrices de su generación.
Decir que es guapa resulta una obviedad y solo
hay que ojear las quinielas más madrugadoras de los Oscar para
saber que su interpretación en “El árbol de la vida” podría tener
premio o, al menos, nominación. El ingrediente secreto es precisamente
eso, un enigma. “Para ser una buena actriz, hay que preservar
el misterio”, dice. No le será fácil. En los últimos años ha
rodado 11 películas que se estrenan al mismo ritmo vertiginoso
al que ella se despide de su anonimato. Acaba de presentar “Criadas
y señoras”, una historia sobre señoritas de la alta sociedad
sureña de los años 60 y sus empleadas domésticas negras.
En persona, Chastain irradia el estilo elegante y exquisito de
las musas del cine clásico y es tan tímida que no puede evitar
ruborizarse cuando alguien menciona su estatus de estrella.
Fashionista empedernida, viste un pantalón negro –“de Pucci”,
precisa–, tacones de Louboutin y una llamativa blusa verde tocada
por un broche XXL. Su extravagante accesorio son unas
aparatosas muletas que apoya contra la pared mientras, a la pata
coja, se sienta en un sillón y pone la pierna sobre la mesa.
Mujer hoy. ¿Qué le ha pasado?
Jessica Chastain. Fue hace un mes. Quería hacer algo totalmente
diferente y me apunté a un curso de motocross [risas]. Después
de un par de horas, estaba cansada y empecé a cometer
errores. “No tires la toalla”, pensé. Dos minutos después, tuve el
accidente. Pero volveré a coger una moto. Soy una perfeccionista,
nunca doy nada por perdido.
Muchas actrices se lamentan de la falta de buenos papeles, pero
“Criadas y señoras” está plagada de personajes fascinantes. ¿Hay
razones para quejarse?
Yo he tenido mucha suerte y siempre he interpretado
a mujeres muy fuertes. Pero cuando llegué
al rodaje de esta película, me di cuenta de
que era la primera vez que compartía reparto
con una mayoría femenina. También me resulta
triste que mucha gente me pregunte si hubo
muchas peleas entre nosotras. Eso demuestra
que nos queda mucho camino por recorrer.
Porque, sinceramente, este es el rodaje más
agradable en el que he estado jamás. Escuchar
esa pregunta tantas veces me dio qué pensar.
¿Por qué cree que Hollywood es aún reacio a contar historias desde
el punto de vista femenino, comedias románticas aparte?
Creo que es un negocio que depende de la moda del momento.
Si algo hace dinero, repetirán la fórmula. En el mejor de los casos,
si esta película es un éxito, habrá más historias que giren en
torno a las mujeres. Siempre sucede lo mismo.
En “El árbol de la vida”, ¿cómo es besar a Brad Pitt?
Me da miedo responder a esa pregunta. ¡Es todo lo que imaginarías!
Es una persona maravillosa y, evidentemente, es muy
guapo. Ese es el tipo de cosas que estás obligado a hacer en este
trabajo, ya sabes... No sé qué decir.
Sus dos últimos papeles no podrían ser más opuestos: la esposa
abnegada y la excéntrica encantadora. ¿A quién se parece más?
La mayor parte del tiempo soy la chica tímida, la que en las fi estas
se sienta en una esquina. Me gusta tener una conversación
tranquila, pero también me encanta que alguien me saque de
mi caparazón. No soy tímida porque la gente me dé miedo, pero
se metieron mucho conmigo cuando era pequeña y me sigue
preocupando que se vayan a reír de mí.
¿Ha vivido ese momento en el que uno se dice a
sí mismo: “Lo conseguí. Soy una estrella”?
No, y no creo que vaya a suceder nunca. Pienso
que jamás pronunciaré esa frase. Diré simplemente:
“Soy actriz”. Pero sí he vivido ese
instante en el que piensas: “Lo he logrado. Soy
feliz”. Ya sentía eso cuando estaba estudiando
arte dramático o cuando hacía teatro en
Nueva York por 300 dólares a la semana.
¿Se siente como pez fuera del agua en Hollywood
Sí, un poco. Siento que hay toda una parte del negocio que desconozco,
pero es excitante. Cada día es mejor que el anterior.
Además, no siento que pertenezca a Hollywood. Mi vida no ha
cambiado nada. Apenas me reconocen por la calle.
Acaba de cumplir 30 años. ¿Cree que hubiera sabido encajar el
éxito si hubiera llegado antes?
Creo que, si me hubieran dado las oportunidades que me están
dando ahora cuando solo era una adolescente, no hubiese tenido
las herramientas necesarias para manejarlo. Para mí, lo único
importante es aprender una nueva lección con cada papel.
Pero la fama es parte de este negocio. ¿Se ve
capaz de encajarla pese a su timidez?
La celebridad es una moneda de dos caras.
Por un lado, me emociona que la gente vea mi
trabajo y eso me permite recibir mejores guiones
y trabajar con directores y actores a los
que admiro. Por otro, me produce cierta ansiedad
pensar en cómo me cambiará la vida.
Me asusta que el espectador no sea capaz de
identifi carse conmigo nunca más y que yo no
pueda desaparecer detrás del personaje.
¿Preservar cierto misterio es necesario para ser un buen actor?
Absolutamente. Me encantan las películas en las que no sé nada
sobre el actor o la actriz. Si su cara está en las revistas, me cuesta
creerme el personaje. Quiero hacer papeles opuestos a mí misma,
no quiero que nada se interponga en eso. Por eso protejo mi
vida privada. Lo importante es ser actriz, no una celebridad.
¿Le interesa la moda o es solo un requisito más de su trabajo?
¡Me encanta la moda! Para mí, la ropa lo dice todo sobre una
persona. Lo que decido ponerme refl eja cómo me siento.
¿Y cómo describiría su estilo?
Me gusta la ropa clásica, pero femenina. Incluso un vestido para
ir a la playa, me aseguro de que esté bien confeccionado. Me encantan
las prendas que celebran el cuerpo de la mujer. Pero siempre
intento darle un toque arriesgado, quizá un pequeño complemento
que la mayoría consideraría demasiado excéntrico.
Es vegetariana, ¿cuestión de belleza o de salud?
Empecé hace cuatro años. Cuando estás de rodaje en rodaje y
tienes que engordar o adelgazar por exigencias del guión, no te
alimentas bien. Una amiga me animó a seguir una dieta vegetariana
y, de pronto, tenía mucha más energía. Pero no voy a
mentir, es duro. Sobre todo cuando estás rodando en mitad de
Serbia y tratas de encontrar un menú vegetariano [risas].
Es guapa, tiene talento y Hollywood le acaba de abrir las puertas
de par en par. Aún así, dice que le acosan las
inseguridades. ¿Cómo lucha contra ellas?
Creo que es muy normal tener inseguridades
y no me puedo deshacer de ellas porque
una actriz tiene que ser vulnerable. Así que,
simplemente, las acepto, aunque no permito
que me controlen. Asumo que soy una
persona tímida y que me avergüenzo si alguien
me dice que soy una estrella de cine.
Pero trato de concentrarme en mis cualidades.
Sobre todo, en las que no tienen nada
que ver con mi físico porque esas, antes o
después, acabarán desapareciendo. Lo sé.
¿Y si le toca hacer un desnudo?
Soy como cualquier otra mujer. No me miro en el espejo y digo:
“¡Qué buena estoy! ¡Menudo cuerpazo!”. Desnudarme me da
muchísimo miedo, pero trato de ignorarlo y de ser valiente.
¿Hay algo que jamás haría delante de una cámara?
No. Bueno, no haría nada que hiciera daño a otra persona o a un
animal. Nada que sea ilegal, básicamente [risas]. Por lo demás,
me gusta dejarme arrastrar por el personaje...