Hace apenas una semana, la alfombra roja del Palacio de Congresos de Madrid se vestía de gala para recibir a nuestras actrices luciendo sus mejores estilismos. Y hace apenas unas horas, veíamos desfilar por la alfombra del teatro Kodak a las celebrities más VIP para asistir a la ceremonia de entrega de los Premios Óscar, en las que han sido dos de las citas más esperadas del año.
Nos hemos empeñado una y otra vez en denominar a los Goya como la antesala de los Óscar, ya no tanto por fechas en el calendario sino como un "aperitivo" que dará paso a un entrante más "suculento" en cuanto a estilismos de alfombra, pero lo cierto es que tras ver y comparar, la alfombra de los Goya no ha tenido nada que envidiar a la del Teatro Kodak.
Cierto es que es difícil enfrentar a unos jóvenes Goya que apenas cuentan con 26 ediciones, frente a unos Óscar con 84 ediciones de experiencia a sus espaldas, pero más cierto es aún que la alfombra de los Premios Goya nada han tenido que envidiar a la alfombra de los Óscar, que este no alcanzaba los mínimos esperados.
Elie Saab, Gucci, Valentino o Zuhair Murrad, entre otros, fueron los escogidos por las actrices de uno y otro lado del charco, ambas hicieron apuestas internacionales, pero nada tuvo que envidiar el palabra de honor de Lanvin que lució María León, al vestido con el mismo escote firmado por Versace que lució Angelina Jolie.
Los brillos también fueron protagonistas en ambas alfombras, incluso Goya Toledo coincidía con Berenice Bejo y Mila Jovovich en escoger a Elie Saab, ambas con vestido con cola y brillos.
Eva Hache y Michelle Williams coincidían con sobrefalda, la primera con un diseño de Hannibal Laguna en negro y la segunda con un arriesgado diseño de Louis Vuitton, en rojo.
Y Elena Anaya y Maria Menounos, optaron por el estilo griego con diseños de Lanvin y de Maria Lucia Hohan, respectivamente.
Coincidencia tras coincidencia (y aunque no es por "barrer para casa"), no hay duda de que la alfombra de los Premios Goya ha ido mejorando con el tiempo y esta edición nos ha dejado un buen sabor de boca; mientras que la alfombra del Teatro Kodak, solo nos ha dejado vestidos nada espectaculares y grandes ausencias.