Soy un hombre sumiso que fantasea que es dominado por una mujer. En un artículo suyo leí que los hombres que queremos ser dominados por una mujer somos como niños que no queremos crecer y queremos una madre. Es verdad, pero este tipo de relación, no tiene por qué ser perjudicial porque hay mucha gente que la practica, aunque no es la mayoría y se conoce como “parejas basadas en la dominación femenina”. Yo pienso que las mujeres son las que tienen que llevar los pantalones porque están mejor preparadas para llevar la relación.
Pero no me refiero a una mujer vestida de cuero con un látigo. Me refiero a una mujer normal que domina a su pareja, la controla en todos los aspectos, hasta en el económico, le manda. A todo esto se llama dominación femenina. Un bello estilo de vida en el que los hombres somos gobernados por mujeres.
T., (correo e.)
La fantasía de ser dominados por una mujer la tienen algunos hombres. Hay algo importante en lo que dices y es que aceptas tus deseos y los asumes, pues hay hombres que no son conscientes de este tipo de deseos y les produce rabia la dependencia que sienten hacia la mujer, de modo que en vez de amarla la atacan. Se sabe qué fantasías excitan pero no se sabe por qué. Dices, y con razón, que ese tipo de relación no tiene por qué ser perjudicial, pero esto en el caso de que ningún miembro de la pareja lo pase mal. Mantenerse en una posición infantil, buscando una madre y responsabilizando a la mujer de llevar no solo la gestión emocional de la familia, sino también los aspectos económicos, puede resultar incómodo para ambos si les gustara actuar de otra forma y no pueden hacerlo por estar presos de modelos inconscientes que no pueden cambiar.
Ahora bien, si el hombre sabe de su deseo de encontrar una “madre” poderosa en su pareja, ella quiere a alguien a quien dominar y los dos aceptan esas características psicológicas, ambos han encontrado a la pareja adecuada. El amor nada tiene que ver con la dominación femenina, tiene que ver con la valentía de las mujeres de expresar lo que sienten y para ello no hay por qué dominar al otro ¿No te parece que el deseo de que las mujeres lleven los pantalones puede estar relacionado con el deseo de que no disfruten de sus faldas? ¿Y quizá de que ella se haga cargo de mucho, mientras tú prefieres hacerlo de menos? En cualquier caso, si ambos estáis de acuerdo, nada hay que decir. Un “bello estilo de vida” sería quizá aquel en el que ningún sexo fuera gobernado por el otro. O aquel en el que ambos pudieran alternan los roles, es decir. que ambos pudieran dirigir en ocasiones y dejarse llevar en otras.
LA PALABRA: SOMETIMIENTO
El sometimiento es la otra cara de la dominación. Una forma de vinculación emocional con otro, al que se considera superior. Es el resultado de un proceso psíquico que involucra tanto a los que ejercen el poder como a los que se someten a él.
El sometimiento está motivado frecuentemente por el miedo a la separación y el abandono. Incapaz de expresar su propio deseo, el que se somete, calla porque el ejercicio de la independencia lo vive como peligroso.
La dominación comienza en un intento de negar la dependencia. Nadie puede sustraerse a su dependencia respecto a otros y la necesidad de reconocimiento, el que domina pone sus miedos en aquel al que somete y este idealiza al otro y se identifica a un objeto en manos de su amo. En el sometimiento extremo la fantasía inconsciente que subyace es la de ser una parte del dominador. La total dependencia con la que nacemos los humanos, hace creer al niño que es una parte de su madre y tiene que llegar a aceptar que no controla mágicamente a la madre y tiene que llegar a aceptar que lo que la madre hace por él depende de la voluntad de ella y no de la suya.
El miedo al abandono que padecen más las mujeres es una continuación, a veces casi sin modificación alguna, del mundo emocional del bebé, que es modelado por la mirada de los que le rodean.
Crecer y construir una identidad que conduzca a la independencia y haga salir del sometimiento tiene que ver con lidiar con las angustias que genera desprenderse de aquellos a los que queremos en el principio de la vida. Elaborar una posición infantil de pasividad. El desafío que hay que afrontar es como construir una relación, como mantener un vínculo, como escuchar al otro, como tener en cuenta lo que el otro piensa y siente y todo ello sin renunciar a ser uno mismo, diferente de ese otro, con nuestras limitaciones y con nuestros valores.