Todos conocemos parejas en las que abundan las peleas y el maltrato psicológico, en las que la unión se basa en el mal entendimiento y en la aversión que sus integrantes se profesan. ¿Qué es lo que engancha a una relación difícil? ¿Cómo se construye una pareja basada en el enfrentamiento y la recriminación? Por raro que parezca, hay personas cuyos vínculos están basados en el odio más que en el amor. Sus uniones son destructivas y, a veces, indestructibles. Sucede cuando se proyecta fuera algo que no se soporta en uno mismo. Entonces, no es raro que esos individuos se identifiquen con el otro justo en aquellos aspectos que odian, aunque le sean propios.
Así, como es imposible huir de uno mismo, también es difícil romper una relación que sirve para continuar autoengañándose. Un enlace patológico solo se rompe, o se resuelve, cuando se está dispuesto a enfrentarse con uno mismo para curar las heridas internas. Nuestro psiquismo tiene memoria y a veces guarda en el inconsciente relaciones que se organizan en el mundo instintivo y que la voluntad no domina. Aunque no sea razonable, el amor puede quedar asociado, por ejemplo, a recibir un maltrato físico o psicológico por parte del otro.
Infancia culpable
Marta mantiene desde hace siete años una relación con Daniel llena de peleas. Ella ha intentado cortar, pero no puede. Cada vez que él le pide disculpas, se siente incapaz de alejarse, aun sabiendo que él volverá a dañarla. Marta es doctora, tiene 29 años y trabaja en Urgencias. Cura heridas de todo tipo y, sin embargo, ella misma cada día se encuentra más enferma y deprimida.
No se decide a romper con Daniel que, en privado, es un hombre cariñoso, pero en público resulta violento. Sus agresiones la paralizan. En cierto modo, es como si las consintiera. ¿Qué puede gustarle de un hombre tan agresivo? Marta tiene motivos inconscientes para permanecer atada a esa relación. Su padre era un hombre violento, que cultivaba una imagen de amabilidad fuera del ámbito familiar. Bebía mucho y al final del día era una bomba a punto de estallar. Alrededor de los siete años, Marta se fue sin avisar a casa de su vecina para jugar. Cuando su padre la encontró, le pegó afirmando que lo hacía porque la quería mucho.
Ella adoraba a su padre y aceptó la explicación. En su inconsciente, el amor quedó asociado a la agresión. Marta cura las heridas del cuerpo de otros y a veces se pregunta cómo podría recuperarse de las de su mente. La repulsa que siente ante la agresión de que es objeto es lo que la deja paralizada. No quiere sentirse violenta para no parecerse a su padre, y esto le impide defenderse, ya que equivaldría a tener que reconocer que su progenitor no la quería cuando le pegaba. Marta prefiere sentirse culpable y salvar a su padre.
Saber defenderse
En la infancia aprendemos modelos afectivos que determinan nuestro futuro sentimental. Pero si están equivocados, conviene romperlos y crear otros. Entre otros conflictos, un sentimiento de culpa inconsciente puede dominar la relación que se mantiene con el otro y esto llega a deteriorar el vínculo. Las personas que sufren de esta culpa, tienden a hacerse responsables de sus actos y de los de los demás. Por eso resultan fáciles de chantajear emocionalmente. Si no se sabe poner límites, y uno cree que el comportamiento del otro depende de uno mismo, es porque funciona la culpa.
Esta clase de sentimiento proviene, en ocasiones, de creerse imprescindible para la pareja, idea que pretende tapar el dolor de no haber sido querido. Si no se fue deseado, al menos ahora se es necesario. Entonces se establece un infierno emocional que durará toda la vida o se romperá si el “culpable” comienza a defenderse. Si nos aceptamos y perdonamos, sabremos defendernos de las agresiones ajenas y cultivaremos las relaciones que nos produzcan bienestar, pues ya no buscaremos castigos que, en realidad, no nos merecemos.
¿Qué podemos hacer?
Conviene reflexionar sobre el hecho de que ambos miembros de la pareja tienen conflictos psíquicos.
- Hay que reconocer nuestros afectos y dejar de ser intolerantes con nuestros resentimientos. Cuando los reconocemos y dominamos, podemos disfrutar del amor.
- Tenemos que ser responsables de lo que sentimos y dejar de hacernos cargo de lo que hace el otro.
- Si alguno de los miembros de la pareja niega la situación y no desea cambiar, habrá que hacerlo en solitario. Quizá se necesite ayuda para avanzar.
- Unas entrevistas psicoterapéuticas podrían comenzar a despejar los problemas. El análisis conduciría a conocer los conflictos que conducen a mantener una relación que hace sufrir, en la que la persona se siente atrapada y de la que quiere salir.