El deseo que nos lleva hacia otro,
un deseo que nos habita y nos
domina y al que hay que someterse
si hacemos caso a nuestro
corazón, es incontrolable. Las
parejas que elegimos se apoyan en algunos
rasgos de nuestras primeras relaciones.
Durante el enamoramiento se produce una
superestimación de la persona amada, que
queda excluida de toda crítica. Se la idealiza,
solo se ven sus cualidades. Esto se produce
porque tenemos la convicción de que con
ella vamos a conseguir ser completos. “Tú lo
eres todo para mí”, es la frase típica del enamorado.
Ese otro ha ocupado el lugar que en
nuestro inconsciente dejamos al ideal que el
“yo” tiene para sentirse pleno. Ya nunca se
va a encontrar desamparado, limitado, solo.
Se trata de una ilusión.
Se puede amar a una persona tras haberse
enamorado de ella. De hecho, puede ser
el primer paso de una relación, pero para
construir un amor sólido, que dure en el
tiempo, es preciso amar al otro tal y como
es y no como deseamos que sea. Esto quiere
decir que hay que superar la decepción
que provoca el hecho de comprobar que el
amado no es tan ideal como en principio
habíamos supuesto. El éxtasis que siente
el enamorado se debe a la ilusión de haber
conseguido aquello que deseamos, de sentirse
pleno, sin fallas, sin ninguna carencia.
El enamoramiento nace de esa ilusión, pero
el amor se hace poco a poco, teniendo en
cuenta al otro tal y como es.
“Antes de conocerte ya te quería”, le había
dicho Daniel a Laura cuando empezaron a
salir. Fue un flechazo. Ahora que se acercaba
el día de los enamorados y estaba pensando
en qué regalarle, se acordó de esta
frase. Laura estaba un poco decepcionada
por cómo iba la relación, últimamente había
tenido problemas en el trabajo y a veces se
sentía agotada y de muy mal humor. Daniel,
cuando la veía así, se alejaba de ella. Laura
se había dado cuenta de que, cuando tenía
dificultades, se encontraba un poco enferma
o se sentía débil, su pareja intentaba
ayudarla, pero no podía; lejos de eso, ponía
distancia entre ambos. Justo cuando ella
necesitaba más su apoyo, él desaparecía.
Deseos inconscientes
Daniel se
había enamorado de Laura, entre otras
muchas razones, porque era una mujer vital,
con apariencia de resolver siempre todas las
dificultades, algo de lo que él había carecido
durante su infancia. Tuvo una madre enfermiza
y muy infantil, que pudo sostenerle
poco en la vida, y un padre tan preocupado
por ella que no le quedó tiempo para apoyar
a sus hijos. Encontrar a una mujer saludable
y resolutiva ante la vida era lo que él
siempre había deseado, antes de conocerla.
Como todo enamorado, sabía lo que quería,
si bien ese saber era (siempre lo es) inconsciente.
Laura, por su parte, había deseado
que reconocieran su fuerza, algo que sentía
minusvalorado por su padre. Por eso toleraba
mal sus debilidades. Conocía estas características
suyas porque había realizado una
psicoterapia. Comprendió que, igual que
Daniel se resistía a acercarse a ella cuando
lo necesitaba, probablemente ella también
lo alejaba de sí cuando se encontraba mal.
Es decir, cada uno dependía de su historia
emocional y pensó que era necesario
cambiar un poco la imagen que tenían del otro para quererse, apoyándose en lo que
podían. Decidió regalarle la escultura de
una mujer con una inscripción: “Antes de
conocerte, ya te quería”.
¿Cómo podríamos reconocer a esa persona
que nos ayudaría a crecer si no se enlazara
con algo del pasado para hacernos creer
que con él podemos realizar en el futuro
alguno de nuestros sueños?
Sentido crítico
En el trayecto que el
hombre hace para construir su identidad,
pierde a una mujer (la madre) que queda
en el inconsciente y que cree reencontrar,
en algún aspecto, cuando se enamora. La
niña, por su parte, perdió un príncipe (su
padre) que ahora reaparece en el hombre de
sus sueños. El hombre, al igual que la mujer,
encuentra en el amado aquella parte suya
que lo completa. Frases como “es el hombre
que siempre esperé”, “es mi otra mitad” o “es
la mujer de mi vida”, parecen hablar de un
conocimiento previo al encuentro.
El enamoramiento se caracteriza porque
provoca una sobreestimación de la persona
amada y un empobrecimiento del “yo”,
pues toda la energía vital se halla focalizada
en el amado y vacía otros aspectos de la
vida. Ya nada importa, solo él o ella.
El enamoramiento es exigente y vacía a la
persona de sentido crítico, pero va dejando
paso al verdadero amor que, lejos de ser
exigente, es generoso y tiene más relación
con aceptar las carencias, tanto en el otro
como en nosotros. Es lo que nos falta lo que
buscamos en él; es lo que no tiene lo que
impide que nuestro deseo se agote.
La vida en pareja es como un organismo
vivo, una planta que requiere luz, cuidado
y paciencia.
La luz que da el conocimiento
de algunas características del amor; el
cuidado de dedicarle el tiempo que necesita;
y la paciencia de toda obra de arte que
requiere atención y energía. A veces, tras un
flechazo, el amor muere muy rápido, como
si los implicados no se dieran tiempo de
sentir y confirmar su unión. En otras ocasiones,
crece vigorosamente. Depende de la
manera en que ambos manejen su relación;
y para manejarla mejor, hay que conocerla.
Sabernos incompletos y limitados nos
ayuda a aceptar mejor los límites del otro
y así la pareja podrá acompañarse mutuamente
y, después de las inevitables decepciones,
sabrá afrontar los necesarios reajustes
que le conduzcan al amor.
¿Qué nos pasa?
-
En el enamoramiento idealizamos al otro para reparar nuestros
confl ictos e, identificándonos con él, corregir imaginariamente nuestros
fallos. Esta operación psicológica es la responsable de las decepciones
que se producen cuando, después de los primeros tiempos, se empieza
a descubrir en el otro lo que nuestra mirada infantil y exigente había
suprimido. Eso es algo que hay que superar para llegar a amar al otro.
-
Se puede elegir al otro en función de algún espacio interno que
tenemos en confl icto. Podemos buscar, por ejemplo, a un hombre muy
protector para cubrir la sensación de desamparo de un padre ausente.
-
En ocasiones no se acepta bien que la relación varíe con el tiempo.
Se pretende que se siga como al principio y comienza a abrirse la época
de las críticas y los reproches constantes.
¿Qué podemos hacer?
-
Cuando la pareja nos defrauda, hay que
preguntarse por qué esperábamos más de
lo que nos podía dar. Nos engañamos con
respecto a las expectativas o nos dejamos
engañar porque no medimos bien las
posibilidades que tenemos.
-
Cuando reflexionamos sobre lo que nos
gusta del otro, lo hacemos sobre nosotros
mismos. Sobre lo que deseamos, lo que no
tenemos, lo que queremos compartir.
- La elección de pareja depende de la
actitud inconsciente hacia los padres y
hacia nosotros mismos. El margen de
libertad para componer la pareja que
deseamos se encuentra en la maduración
psicológica que hayamos alcanzado.
- Valorar las cualidades de la pareja es
lo opuesto a idealizarla en exceso, pues
se trata de reconocer su subjetividad y no
de querer poseerla. Esta mirada requiere
reconocer las diferencias y no utilizar a la
pareja para tapar las frustraciones.