Eva Campos es psicóloga y coach y ha escrito un libro que pretende revolucionar la forma de ver el adelgazamiento. ‘¡Soy más lista que el hambre!’ ayuda a descubrir las razones particulares por las que cada persona tiene sobrepreso y qué considera "estar sano" cada uno, con orientación para conseguirlo con sus propias herramientas. Además, está al frente de 'Escuela de salud y bienestar', desde donde ayuda a sus pacientes a alcanzar la felicidad.
Eva Campos llega a la redacción de Mujerhoy.com con paso firme. Lleva un vestido midi, ceñido y con escote, y sandalias de cuña, que adora y que antes, cuenta, no podía usar. Nadie diría que esta sensual mujer, que recuerda a Dita Von Teese por sus curvas y su tez blanca, hace unos años no era feliz. Fue cuando sobrepasó los 130 kilos de peso. Hasta que dijo basta y pudo cambiar el chip. Desde entonces ha perdido 70 kilos a base de dietas y de aplicar su propio método de análisis y crecimiento interno personal, que le ayudó a descubrir qué le sucedía y qué es lo que quería que sucediese.
Pregunta. ¿Qué pasó por tu cabeza para que un día dijeras que había que poner punto y final a tu sobrepeso?
Respuesta. No hay un hecho en sí. Yo tenía la vida perfecta, había ascendido rápidamente en mi trabajo, que siendo mujer es difícil y más hace años. Tenía vida social, amigos, viajaba, una pareja que me adoraba... Tenía la vida que todo el mundo consideraba perfecta pero yo no me sentía bien. Y me pregunté. "¿qué que me pasa"? Un día, estando en mi casa, hice 'crack'. Y lo que me pasaba era que no quería mi cuerpo, no quería tener la vida que tenía, no me gustaba hacer cosas que no puedo hacer. Y en ese momento empecé a llorar, me tiré 46 horas seguidas llorando. Toqué fondo. Yo había aceptado que era así, de hecho llevo tatuado en la espalda 'Big mamma', que es una broma. Pensé que era una gordrta feliz, una persona sin complejos.
P. Y de ahí a coach ¿En qué consiste este trabajo?
R. Es una persona que te apoya durante un camino de descubrimiento de tus propios elementos y potencionalidades, aunque yo no solo hago coaching, mezclo coaching con psicología, terapia, pensamiento positivo, mi propia experiencia, con la experiencia de todos los demás y creo mi propia metodología. El coach te acompaña, te ayuda a descubrir esas herramientas sin dirigirte, nunca te da su opinión, se basa en preguntas y respuestas; en las terapias estás más dirigido.
La importancia de la empatía
P. ¿Mientras estabas perdiendo peso ponías en práctica los ejercicios que propones en tu libro?
R. Siempre. Nunca hago nada que no haya hecho conmigo primero. Creo que es una de las cosas por la que la gente cree en mí, porque he pasado la experiencia. Cuando estoy en una conferencia y alguien me cuenta lo que ha pasado, pienso... "eso también me ha pasado a mí". Los ejercicios y todo lo que hago en las terapias siempre lo hago primero conmigo. Intento que todo se base en la experimentación. Muchas veces, en el mundo del adelgazamiento, médicos, psicólogos, las personas que pretenden ayudarte, no saben lo que tú estás sintiendo, por tanto, no saben cómo gestionar esas emociones.
P. Es cierto que alguien que no haya hecho dietas no sabe lo mal que se pasa cuando te estás reprimiendo y a tu alrededor, por ejemplo, comen lo que más te gusta.
R. Para mí eso es una falta de respeto. Lo primero que hice cuando empecé fue sentar a mi familia y a mi pareja y les conté: "mirad, yo tengo una enfermedad que no sé si es obesidad, se llama infelicidad, yo no me siento bien. Soy obesa y necesito recuperarme, perder este peso. Por favor, ayudadme". Eso no significa que me tuvieran que llamar todos los días o que mi madre me mandara la fiambrera con las acelgas. Ayudarme significa que si hay una comida familiar y tú sabes que me muero por un pastel de chocolate, por favor, haz macedonia de frutas.
P. ¿Comenzaste la dieta por la infelicidad o por que no te veías bien cuando te ponías ante el espejo?
R. Me veía maravillosa. Tremenda, guapísima. El vestido que llevo hoy (ceñido, con escote de pico, con rayas verticales rojas y blancas, estilo pin-up), si hubiera habido talla, lo hubiera llevado. Pero en el fondo yo sabía que no me sentía bien. Había veces que mis amigas me decían que fuera de compras y yo siempre ponía excusas. No quería pasar por el mal trago de ir a una tienda y pensar que un pantalón de una talla normal, una 52, no me subiera de los muslos. Eso era porque, en realidad, no tenía una 52, sino una 62.
P. Tu libro no es un libro de dietas. Tú solo das apoyo. Hay quien defiende que se puede adelgazar con la mente, ¿qué piensas?
R. Solo y exclusivamente no. Hay métodos que dicen que con solo hacer afirmaciones positivas o visualizaciones ya vas a perder peso. Por mucho que digas "mañana voy a estar más delgada" mientras te comes una bolsa de patatas fritas no vas a conseguirlo. Los milagros no existen: vas a tener bajones, cambios de humor, ansiedad real. Hay quien modificando hábitos y con ese trabajo va perdiendo peso. En mi caso, mi doctora estaba alucinada con la cantidad de peso que estaba perdiendo, 'se me estaban cayendo los kilos'. Mi doctora pensaba que no comía. Y yo sí comía, lo que ponía la dieta y más, pero mi cuerpo no necesitaba ese sobrepeso.
P. A lo largo de '¡Soy más lista que el hambre!' incides mucho la importancia de respetarse. ¿Una persona con sobrepeso no se respeta?
R. Cuando tú haces algo que sabes que no es lo que quieres, lo que sientes y lo que te hace bien, no te estás respetando. Para que la gente lo entienda, les hago una pregunta: ¿a tú pareja le harías lo que te haces a ti? La mayoría de las veces dicen que no.
P. Aunque hay quien disfruta 'engordando a su pareja', la figura del feeder.
R. Es una cuestión que también trato en el libro. Es un tema que está en el submundo fetichista sexual estrambótico que en Estados Unidos está muy en boga, se llegan a hacer convenciones en Las Vegas de mujeres con muchísimo sobrepeso y los hombres pagan grandísimas sumas de dinero por asistir. Está empezando a llegar a España. No hace mucho recibí un correo de una chica que me contaba que su novio se dedicaba a comprarle muchísima comida, ella quería ponerse a dieta y lo había hablado con él pero cuando llegaba a casa la agasajaba con pasteles. Le dije que, sea o no un feeder, él no la está respetando.
P. ¿Puede ser la falta de autoestima la causa del sobrepeso?
R. Los kilos de más son la punta del iceberg y tras él hay muchas cosas. Para mí los hábitos no son la causa, sino el síntoma. Cuando te duele la garganta, bajas a la farmacia y compras una pastilla. En este caso, la pastilla es el método, que puede ser el deporte, la cirugía... Cuando ya has ido cinco veces a la farmacia el boticario preguntará que qué haces para que te duela tanto la garganta. Y tú le respondes que estamos en febrero pero duermes con la ventana abierta. La ventana abierta es el síntoma, el hábito. Ahí es cuando te das cuenta de que tienes claustrofobia y que con la ventana abierta no puedes dormir. Lo mismo ocurre con la infelicidad.
Su experiencia como herramienta
P. El efecto rebote está ahí. Llama la atención que después de haber tenido unos malos hábitos durante tanto tiempo no hayas recaído, como le ocurre a muchas personas.
R. No. Hay que ser consciente de cuándo lo vas a hacer y saber parar. Yo como lo que quiero, cuando quiero, pero me respeto lo suficiente para que comer lo que quiero y cuando quiero sea comer sano.
P. Pero, en realidad, no lo haces cuando quieres porque tú misma te autocontrolas para no quererlo, ¿no?
R. No, porque no lo quiero. Yo me respeto tanto que no me sale comer mal. Si me apetece comerme un donut me lo como, pero normalmente no tengo necesidad. Me siento saciada con una onza de chocolate y no es porque tenga que parar, lo hago porque realmente no quiero más. El problema que hay en España es que todo lo celebramos con comida y la relacionamos con el bienestar. La comida no es mala, es tu aliada, es la que te da la vida. La diferencia está en el uso y al abuso, hay que aprender a alimentarnos, no a comer.
P. Hay veces que nos proponemos retos inalcanzables, perder 10 o 20 kilos. Se te hace larguísimo y al final te quedas en el camino. ¿Es bueno proponerse retos?
P. Sí, pero hay que saber proponérselo. Si sabes que para ti en este momento quitarte 20 kilos es inalcanzable, intenta adelgazar cinco. Mientras tanto, vas a modificar hábitos: eliminar el pan en las comidas, beber menos coca cola, por ejemplo. Y cada semana incluye un nuevo reto.
P. ¿Qué puedes hacer cuando el ánimo y las ganas de seguir adelante te fallan?
R. Bajar de peso es una carrera de fondo. No te fíes de algo que te dice que es rapidísimo, facilísimo y de que no vas a sentir nada, porque no es cierto. No existen método efectivos en los que no existan momentos de bajón. Y es posible que cuando termines tengas otro bajón, porque piensas que vas a ser más feliz cuando el sobrepeso desaparezca y tu infelicidad sigue ahí. En realidad, el éxito del proceso está en mientras adelgazas buscar qué estaba ocultando ese sobrepeso y entonces puede volver el efecto rebote.
P. Después de perder 70 kilos, ¿se siente identificada con la imagen que le devuelve el espejo?
R. Fíjate, esas son las cosas que nadie cuenta. La pérdida de peso es enorme y no te sientes tú. De hecho, alguna vez he ido a una tienda y he preguntado si tenían talla para mí, cuando ya usaba una talla normal, y la dependienta me ha mirado con cara extraña.