Unos resultados espectaculares
conseguidos gracias a un régimen
que la Asociación Española de Dietistas-
Nutricionistas ha catalogado como “fraudulenta
e ilegal”, al mismo tiempo que afirman
que no sirve para adelgazar y supone
un riesgo para la salud. Un juicio duro, pero
muy parecido al que el método Dukan recibe
de las autoridades sanitarias francesas.
Y no son las únicas acusaciones que caen
sobre el nutricionista.
¿Es este el fin de
la gallina de los huevos de oro? Dukan lo
tiene claro. Ahora le toca hablar a él.
Mujer hoy. La última polémica que ha protagonizado
tiene que ver con el juicio que había
interpuesto contra otro nutricionista y que
usted ha perdido. ¿Por qué está en guerra
contra el doctor Jean-Michel Cohen?
Pierre Dukan. Conocí a Jean-Michel
Cohen porque vino a llamar a mi puerta.
Mantuvimos buenas relaciones hasta que
mis libros tuvieron éxito. Compartimos
editor. Está claro que tiene celos. Ha olvidado
nuestra amistad y me ha difamado en
varias ocasiones, afirmando que mi dieta
entraña problemas cardiovasculares o cáncer
de mama, cuando es demasiado inteligente
como para ignorar que el verdadero
factor de riesgo de esas dos grandes afecciones
es el sobrepeso. Él se apoya en un
régimen hipocalórico que yo he descartado
desde el principio. Tuve que interponer una
demanda para que dejara
de hacerlo.
Pero el régimen hipocalórico,
al contrario que el suyo,
sí está reconocido por las
autoridades sanitarias...
Cuando estudiaba Medicina,
solo se recomendaba
el régimen hipocalórico
para la pérdida de peso.
Pero eso no funciona. Lo
prueba el que se no haya
frenado al avance de la
obesidad. Hay 1.300 millones de personas
con sobrepeso en el mundo.
Otro de los “escándalos” en los que se ha
visto implicado tiene que ver con un fármaco.
¿Es cierto que ha recetado a sus pacientes
un medicamento contra la diabetes porque
ayuda a inhibir el apetito?
Por supuesto, como cualquier médico que
haya tenido la ocasión o la necesidad. Lo
contrario habría sido un error. El fármaco
en cuestión era un medicamento con 30
años de antigüedad, producido por un gran
laboratorio y que contaba con una autorización
de comercialización y la garantía oficial
de la agencia francesa del medicamento.
He confiado en esa institución como
ahora confío en ANSES (Agencia francesa
de Seguridad Sanitaria en la Alimentación,
el Medio ambiente y el Trabajo), cuando
asegura que el aspartamo no es nocivo.
No soy un experto en farmacología y por
eso me apoyo en las autoridades competentes.
Pero, ¿se lo recetó en 2008 a una paciente
que no tenía diabetes?
He prescrito ese medicamento en casos
rebeldes y de obesidad en particular, para
reforzar la acción del régimen y, sobre todo,
para evitar la cirugía bariátrica o el bypass.
En otras situaciones no era necesario porque
la eficacia de mi régimen era suficiente.
La primera indicación de ese fármaco,
Mediator, es que se trata de un adyuvante
facilitador del metabolismo de las grasas
y los azúcares. ¿Por qué iba a privar a mis
pacientes de semejantes beneficios?
Quizá para ahorrarles los efectos secundarios
nocivos. Al fin y al cabo, este fármaco
se retiró del mercado en 2010 porque se
le atribuyen un millar de
muertes en Francia...
¿Sabe cuál es la prescripción
clásica para una persona
obesa? Uno o dos hipotensores,
dos tratamientos
contra la diabetes, dos para
la hipertensión, uno, o a
veces dos, contra los problemas
articulares como
la artrosis de cadera o de
rodilla, antiinflamatorios,
fármacos contra el reflujo
de por vida y aparatos ortopédicos para que puedan dormir sin
sufrir apnea del sueño. Tenga la certeza de
que eso también tiene efectos secundarios.
Una encuesta titulada “Dukan y el después”,
denuncia los efectos provisionales
de su régimen. Según sus datos, el 80%
de sus adeptos recupera el peso inicial después
de cuatro años.
No es un estudio representativo, científico
ni creíble. Se ha hecho por internet sin
controlar ni identificar a los participantes.
Cualquier persona malintencionada podía
responder libremente y tantas veces como
quisiera. No es serio ni honesto. Pese a esa
farsa, el 20% de los encuestados afirma no
haber recuperado el peso original después
de más de cuatro años y eso es una victoria
colosal. El 20% se ha curado.
En realidad, esas personas siguen un régimen
y entran en una espiral sin fin.
Mi régimen es el que da los mejores resultados.
En esa seudoencuesta, el 34% de
las personas que han fracasado admite no
haber seguido las fases de consolidación y
estabilización de mi dieta. También afirma
que están dispuestas a retomarla, lo
que demuestra su confianza. Cuando un
método no funciona, la persona no vuelve
a hacerlo. Retomar un régimen no es una
adicción; es una recaída. Perder los kilos
no es fácil porque el organismo guarda una
memoria del sobrepeso. Es una lucha.
Muchos especialistas son muy duros con
las dietas “rápidas”, la suya incluida, porque
consideran que comportan riesgos clínicos,
biológicos, conductuales o psicológicos.
En el estudio al que se refiere, la Agencia
de Seguridad Alimentaria (ANSES) no
ha respetado el curso científico clásico
de la evaluación de los beneficios frente a
los riesgos. Las vacunas o los antibióticos
también presentan riesgos. Solo hay que
leer los prospectos para hacerse una idea.
Lo mismo ocurre con las dietas. Sí, puede
haber una carencia de vitaminas durante
el régimen, pero solo hace falta tomarse
una cápsula multivitamínica para evitarla.
El sobrepeso es una de las grandes causas
de mortalidad en el siglo XXI. Admito sin
dudarlo que una dieta puede engendrar
carencias momentáneas, pero hay que
ponerlo en perspectiva con lo que entraña
la obesidad: diabetes, enfermedades cardiovasculares,
cáncer... En lugar de estudiar el
problema, atacan los remedios. Además, es
un estudio realizado a partir de unos consejos
escritos en los libros y no con datos
verificados en los pacientes. Por último, el
estudio coloca en base de igualdad a las dietas
insensatas, como las de un ingrediente,
junto a las de médicos nutricionistas.
Su dieta también ha sido cuestionada por
sus carencias y posibles peligros.
Mi régimen tiene un contenido vitamínico
reducido durante las dos primeras fases de
ataque. Es una solución que no es perfecta,
pero no deja de ser de corta duración.
Durante esa etapa, basta con ingerir un
complejo multivitamínico
para evitar un desequilibrio.
Esas carencias
momentáneas y remediables
son menos graves que
el sobrepeso o la obesidad
que son, según la OMS,
responsables directas de la
muerte de 10 millones de
personas en el mundo.
ANSES destaca en su estudio
un aporte proteínico
demasiado alto que puede
provocar insuficiencia renal
y déficit de glúcidos y fibras. Y una cantidad
de sal importante.
Un riñón normal soporta perfectamente
un aporte elevado de proteínas si está asociado
a un consumo suficiente de agua. Sin
embargo, un riñón enfermo soporta mal
el exceso de proteínas porque le exige un
trabajo añadido. Para averiguar el estado
del riñón, basta con hacer un análisis de
sangre. En cuanto a los déficits de glúcidos,
es un efecto que estoy investigando. Ahora
somos sedentarios y tenemos necesidades
limitadas de hidratos. Su restricción solo
aparece en la fase de adelgazamiento, que se
reduce a dos meses. En cuanto a las fibras,
ANSES parece haber olvidado la prescripción
diaria de tres cucharadas
soperas de salvado
de avena, el equivalente a
la cantidad recomendada.
Las proteínas y las verduras
no contienen ninguna
cantidad significativa de
sal y siempre recomiendo
a mis pacientes que reduzcan
su consumo.
¿Por qué es interesante
consumir un aporte de proteínas
tan elevado?
La dieta occidental básica es demasiado rica en azúcares y grasas, los
carburantes del organismo. Durante un
periodo concreto, hay que reducir lo que
engorda para que el cuerpo use sus reservas.
Pero las proteínas no tienen una función
carburante. Por ello, cuando se las utiliza
por su valor energético, se provoca una
pérdida de calorías. Por otro lado, varias
publicaciones confirman la idoneidad de
mi planteamiento. En 2009, el estudio
europeo “Diet, obesity and
genes”, (Dieta, obesidad y
genes) de la Universidad
de Copenhague, observó
que el aporte proteínico es
la clave del mantenimiento
del peso tras una dieta.
Más recientemente, un
estudio americano confirma
que una pérdida rápida
e importante de peso al
principio de un régimen
permite una mejor estabilización
a largo plazo.
¿Recomienda su régimen
a embarazadas?
Jamás he propuesto este
régimen a una embarazada
aunque, si una mujer
es obesa y está en los primeros
meses de embarazo,
tiene el 80% de riesgo de
sufrir diabetes gestacional
e hipertensión. Sin ponerla
a dieta, hay que controlar
su alimentación.
También le acusan de hacer
negocio con el sobrepeso
y la obesidad...
Lo que se hace bien y de
corazón en un mundo
donde todo tiene valor económico,
acaba reportando
dinero, pero el dinero no es
mi objetivo. A mi edad, lo que me gratifica
es aportar bienestar, salud, autoestima y,
probablemente, una vida más larga. Mis
libros se venden bien y percibo derechos
de autor. En cuanto al coaching y los productos,
pertenecen a sociedades en las que
los accionistas han aportado financiación,
lo que me ha permitido ampliar la difusión
de mi mensaje desde la profunda convicción
de que mi dieta es la mejor.