Menos tensión, dolores de cabeza y molestias en la garganta presentaron los individuos que mintieron menos en un experimento realizado en la Universidad de Notre Dame (Estados Unidos).
El trabajo comparó el impacto en la salud de dos grupos de personas donde uno de ellos estaba entrenado para decir menos mentiras que el otro.
Durante 10 semanas se observó la conducta de ambos grupos y se comprobó que el grupo donde había menos “mentirosos” presentaba mejoras significativas en su salud.
Dichas mejoras consistían en menos sentimientos de tensión y melancolía, un número menor de cefaleas y de dolores en la garganta.
Según el estudio, presentado en la 120ª Convención de la Asociación Americana de Psicología, los estadounidenses dicen una media de 11 mentiras a la semana.