1. Tienen padres delgados (y los genes son solo parcialmente responsables)
La genética determina un 30% del peso, el resto lo hace el ambiente, asegura James
O. Hill, director del Centro de Nutrición Humana de la Universidad de Colorado.
Estos padres delgados probablemente enseñaron a sus hijos a alimentarse de un
modo equilibrado y los educaron en una vida activa. Son familias donde se cocina
habitualmente, y se suele comer comida casera, con abundantes verduras y frutas.
Se desayuna y se hace, al menos una de las comidas del día, sentados todos a la
mesa.
2. Prestan atención a las raciones de comida
Es gente que presta atención a la calidad de lo que comen, pero sobre todo a la
cantidad. Sin embargo, no están obsesionados y tienen una relación sana con la
comida. La comida no es premio ni castigo. No es tan importante. Si echas un vistazo
a sus platos los llenan con vegetales por encima e otros alimentos. Muchos usan
platos pequeños. La gente que consigue mantener su peso suele dividir sus comidas
en cinco porciones pequeñas diarias.
3. No se saltan las comidas
No permiten que su cuerpo llegue al punto de comerse lo que pongan delante. Así
que evitan sentirse muy hambrientos. Desayunan, meriendan, comen, meriendan
y cenan. Por lo visto es el método más eficiente de evitar comer por impulso y sin
prestar atención.
4. Limitan sus opciones
Mientras más variedad de comida tenemos a nuestra disposición más comemos. Por
ejemplo, aunque hayas acabado harto después de comer un plato de espaguetis a
la bolognesa, si de postre puedes comer arroz con leche, probablemente lo hagas.
La gente delgada se mantiene lejos de esas tentaciones, y sencillamente no tiene
en casa determinados alimentos. Los expertos aconsejan aumentar la variedad de
alimentos hipocalóricos que tenemos en casa. Comprar fruta, vegetales y sopas, en
lugar de comidas que engordan y son fáciles de comer. Cuente con que en algún
momento le puede dar por asaltar la nevera.