Nuestro organismo tiene dos tipos de temperatura: una superficial y otra profunda. Cuando el cuerpo siente frío, y no le basta para combatirlo con ponernos la piel de gallina, lo combate produciendo una vasoconstricción de los vasos periféricos y conduciendo la sangre “sobrante” al interior. Provocar este cambio en un tiempo récord es el objetivo de la criosauna, una cabina en la que se expone al cuerpo a muy bajas temperaturas (-1100 C y -1900 C) durante un periodo de uno a tres minutos.
“El frío de la criosauna sirve para muchas cosas. La primera es que incrementa el gasto cardíaco la cantidad de sangre que moviliza el corazón, pero sin provocar un sobreesfuerzo. La segunda es que eleva el gasto energético, primero de glucosa y glucógeno y, finalmente, de grasa, lo que “alisa” la celulitis”, dice Jordi Riba, fisioterapeuta, nutiricionista y preparador físico, que emplea en su consulta esta técnica.
Esta forma de crioterapia se recomienda para mejorar alteraciones del sistema músculo-esquelético (artritis, espondilitis, radiculitis) y enfermedades cutáneas (dermatitis atópica, eczema, psoriasis). En deportistas, además, acelera el proceso de curación de las lesiones. Solo hay una contraindicación: no lo pueden usar las personas con problemas respiratorios, porque no tienen la misma capacidad que los demás para adaptarse al frío.
Para saber más: www.cryosalud.com.