A principios de este año, un estudio realizado con un fármaco contra el cáncer de piel demostró que podía revertir los síntomas de Alzheimer, al menos, en ratones. Los investigadores de la Universidad Case Western (EE.UU.), anunciaron que este fármaco, el bexaroteno, es capaz de eliminar hasta un 75% de las placas de proteína beta-amiloide, la responsable de la enfermedad. ¿Por fin se había encontrado una solución para el Alzheimer? Mientras los medios daban la noticia, los expertos optan por la prudencia.
“En principio, cualquier cosa que le cure el Alzheimer al ratón es una esperanza para curarlo en las personas. El problema es que el Alzheimer del ratón es muy artificial, se le provoca genéticamente y lo desarrolla en unos meses, cuando en una persona la enfermedad evoluciona durante 10-15 años. Pero aún así tiene sentido que, tras unos resultados tan buenos, se investigue si el fármaco es eficaz en enfermos de Alzheimer, en un estudio controlado. Esta investigación supone un acercamiento original a la enfermedad ya que la combate activando uno de los mecanismos protectores del organismo: el fármaco es capaz de aumentar la producción de una proteína que se encarga de sacar el amiloide del cerebro. Por lo tanto, se ha abierto una nueva vía en la que hasta ahora no se había pensado. Pero, al mismo tiempo, nos estamos encontrando con que fármacos que hace se diseñaron hace 10 años que en ensayos con ratones habían funcionado muy bien, a la hora de la verdad, en los pacientes, están fracasando estrepitosamente. Por eso, ante noticias como esta hay que mantener la calma”, explica el doctor Pablo Martínez-Lage, coordinador del grupo de estudio de conducta y demencia de la Sociedad Española de Neurología (SEN).
Cambiar conciencias
"Llevo 20 años oyendo decir que en cinco años habrá un tratamiento eficaz, y eso ya te hace ser cauto. Yo creo que el futuro en la lucha contra el Alzheimer va a estar no solo en la investigación, sino, sobre todo, en el diagnóstico lo más temprano posible, en las fases presintomáticas, cuando todavía no hay fallos de memoria. Pero esto es algo que pasará a muy largo plazo. Pienso que con el Alzheimer acabará ocurriendo lo que ha sucedido con el cáncer o la enfermedad cardiovascular, algún día daremos con pruebas que si las vamos aplicando año tras año a una persona por encima de una determinada edad podremos detectar cambios que lleven a hacer otras más sofisticadas y a diagnosticar la enfermedad antes de los primeros síntomas”, explica este neurólogo.
Pero ese es el objetivo a cumplir. Hoy por hoy, es habitual que para cuando una persona logra su diagnóstico de Alzheimer, a la pregunta de “¿cuándo empezó ha sufrir estos síntomas?” la respuesta sea: “hace tres o cuatro años”. El miedo y la ignorancia hace que la población tienda a no tomar en serio esos primeros fallos de memoria. El enfermo, su entorno e incluso su médico, suelen achacarlos a “cosas de la edad” o a una depresión. “Hay que cambiar la actitud y la formación de algunos profesionales, el acceso a los medios diagnósticos y enseñar a la población cuándo hay que ir al médico, cuáles son los fallos de memoria que les debe hacer llevar a un familiar a la consulta. Esta última es la parte más sencilla: si en algún momento nos planteamos “¿y si tiene Alzheimer?”, debemos consultar a un profesional. Es cuestión de cambiar la educación sanitaria de la población y la actitud de algunos médicos”, concluye el dr. Martínez-Lage.
Las ventajas del tratamiento precoz
¿Por qué es tan importante un diagnóstico precoz en una enfermedad que, en este momento, no tiene cura?
Pues tiene sentido, y mucho. Actualmente se utilizan cuatro fármacos contra el Alzheimer, ninguno cura la enfermedad, pero sí frenan su avance. “Hay quienes pensamos que estos fármacos podrían ser eficaces en la fase predemencia. Estos medicamentos han demostrado que estabilizan los síntomas durante uno o un año y medio y, en algunos enfermos, hasta dos años. Si pudiéramos estabilizar la enfermedad en una fase en la que la persona todavía es autónoma y regalarle esos dos años, creo que sería un efecto importante. Además, la profesión médica tiene que asumir que el diagnóstico temprano es una demanda de la población. La gente, en este momento, tienen mucho acceso a la información, y quieren saber. Yo me encuentro con muchos pacientes que saben perfectamente que la enfermedad no tiene solución, pero que aún así desean saber si la tienen o no para saber a qué atenerse, qué asumir. Si puedes hacer un diagnóstico en una fase en el que Alzheimer no impide que la persona sea competente le estás dando la oportunidad de tomar decisiones, de hacer un documento de voluntades anticipadas, de organizar su vida, de decir quién quiere que le cuide y quién no quiere que lo haga... El diagnóstico temprano va mucho más allá de si hay o no un tratamiento”, concluye el doctor Martínez-Lage.