El lenguaje no solo transmite información.
Las palabras están
cargadas de energía. Así, las
cosas que decimos construyen
lazos, tienden puentes y pueden ser inolvidables
por bellas o por hirientes. Pero
además, tu lenguaje verbal y mental (es
decir, las cosas que te dices a ti misma)
infl uye mucho en tu forma de percibir
la realidad. Por eso, terapias
como la programación neurolingüística
(PNL) o las que
proclaman afi rmaciones positivas
van dirigidas a lograr un
cambio de conducta a través
de las palabras. Si te fi jas en
tu forma de hablar, en las cosas
que te dices e, incluso, en
cómo escribes lograrás comprenderte
mejor a ti misma
y ser más cuidadosa con tus
palabras para construirte una
realidad más amable.
VIGILA TU VOCABULARIO. Si repites siempre
las mismas
palabras, empobreces tu discurso y pareces
ansiosa, controladora o insegura. Los
irritantes “o sea” o “¿me entiendes?”, la
costumbre de dejar las frases sin terminar
o el decir algo y después quitarte poder
a ti misma con un “no sé” o un “digo yo”
transmiten desconfianza.
NO TENGAS DUDA. ¿Cómo cambia
tu tono de
voz dependiendo de la situación? ¿En qué
momentos te sientes más segura y en cuáles
te quedas sin voz o te expresas como
una niña pequeña? Recuerda que para proyectar la voz es bueno respirar desde
el vientre y que cuanto más grave sea tu
tono más autoridad transmitirás.
SÉ POSITIVA. Lo que nos decimos,
es decir, lo
que solemos pensar, tiene una infl uencia
enorme en nuestro comportamiento y en
cómo nos ven los demás. Si tienes la insana
costumbre de decirte cosas como “soy
torpe” o “qué tonta soy”, al final las dirás
de viva voz y no serás capaz de reconocer
tus propias virtudes o aceptar un elogio o
un piropo. De este modo, tenderás a inclinarte
hacia un razonamiento negativo
y siempre verás las cosas desde el punto
de vista que menos te favorece. Valora la
situación a la que te enfrentas y razona
positivamente lo que estás viviendo.
RAZONA. En algunas
familias, el
diálogo está repleto de etiquetas,
motes, o sentencias
como “en esta familia somos
así o asá”. Suelta todo lo que
te pese y te impida ser libre
como la adulta que eres.
ENTRÉNATE. No es fácil aprender a
controlar el monólogo
interior, pero sí puedes empezar a hacerlo
de forma sencilla, aplicando una técnica
básica de meditación que ayuda a distanciarse
de los pensamientos obsesivos,
negativos o autocríticos: imagina que son
nubes que se las lleva el viento. No podrás
evitar que aparezcan, pero sí el quedarte
enganchada a ellos.
Pregúntate a ti misma...
Si fueras tu mejor amiga,
¿de qué forma te hablarías
a ti misma?