Vitamina C.
Conviértela en tu aliada porque no solo protege tus células del estrés oxidativo que provoca el ejercicio físico intenso, sino que además mejora la asimilación del oxígeno.
Coenzima Q10.
El pescado azul y los frutos secos son fuentes de este antioxidante que es capaz de mejorar el rendimiento físico, aumentar la energía y combatir la fatiga.
Zinc.
Si haces ejercicio de forma habitual, necesitas reforzar tu ingesta de este micronutriente, porque una cantidad de tus reservas se pierde a través del sudor. Además, unos niveles bajos de zinc pueden derivar en una disminución de la función cardíaca y pulmonar cuando más lo necesites.
Magnesio.
Su deficiencia puede provocar calambres y contracturas. Este mineral tan importante incrementa los niveles de testosterona y su ingesta ayuda a potenciar cuestiones como la capacidad física y la resistencia. Es esencial para la formación y desarrollo de los huesos, y activa las enzimas implicadas en la síntesis proteica.
Cromo.
Potencia la actividad de la insulina y estimula la absorción de glucosa por parte del músculo. Se suele excretar con la orina después del ejercicio, por lo que hay que reforzar su ingesta. Algunas fuentes de cromo son la carne, los cereales integrales, la levadura de cerveza y el queso.