Tengo el BRCA1, una mutación genética que me predispone a desarrollar cáncer de mama”, explica S. G., una mujer de 41 años, que prefiere mantener el anonimato. Es una persona sana, pero forma parte de la estadística que la convierte en individuo de alto riesgo para desarrollar esta enfermedad. “En un 30% de los casos de cáncer hay más de un enfermo en la familia. De todos ellos, entre un 5 y un 10% es de tipo hereditario, son personas que han heredado una mutación genética que predispone a la enfermedad; y el 20% restante se debe a factores genéticos con bajo o moderado riesgo”, explica la dra. Carmen Guillén, coordinadora de la Sección de Cáncer Hereditario de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM).
¿Quiénes tienen más riesgo? La buena noticia es que existen tratamientos preventivos para reducir ese riesgo. Por eso, lo ideal es que ese 30% acuda a una Unidad de Consejo Genético. ¿Y quiénes deben buscar asesoramiento? En cáncer de colon, tienen alto riesgo los individuos con antecedentes familiares en al menos dos generaciones (padres, hermanos, hijos o abuelos). Las personas con enfermedad inflamatoria intestinal también deberían someterse a controles específicos. ¿Y en el cáncer de mama? Los requisitos son similares: riesgo alto para las personas con familiares, en al menos dos generaciones, que hayan desarrollado cáncer de mama u ovario. Y riesgo moderado para quienes cuenten con un solo caso directo en su familia (madre, hermana e hija).
En el cáncer de estómago se considera alto riesgo cuando el individuo tiene al menos tres casos en dos generaciones (abuelos, padre, tíos, hermanos e hijos). Y por último, los pacientes con patologías inflamatorias gástricas también poseen un riesgo moderado, al igual que los que presentan infección por helicobacter pylori resistente al tratamiento con antibióticos.
Cáncer de colon: eliminar los pólipos
La mayoría de los cánceres de colon proceden de un pólipo, una tumoración benigna en el 90% de los casos, pero que con el tiempo se puede malignizar. “Antes del cáncer hay un pólipo en la mayoría de los casos, y se debe eliminar para evitar que evolucione”, aclara el oncólogo Pedro Pérez, coordinador de la Unidad de Consejo Genético del Servicio de Oncología Médica del Hospital Clínico San Carlos, en Madrid. Para detectar el pólipo y eliminarlo existe una técnica, la colonoscopia, que está recomendada a todas las personas con riesgo de desarrollar este tipo de cáncer. Consiste en introducir por el ano un tubo flexible que lleva incorporada una cámara y una luz, “avanza hasta el colon y lo visualiza. Si se detecta alguna lesión sospechosa, se extirpa y analiza”, explica el oncólogo. No es molesta si se realiza bajo sedación y necesita una preparación previa, durante dos días, para limpiar el intestino.
Dentro de las personas predispuestas, existe un pequeño grupo de individuos con mutaciones genéticas que los convierte en candidatos a la enfermedad. Pueden distinguirse dos tipos: los que padecen el Síndrome de Lynch y los que sufren poliposis adenomatosa familiar (desarrollan decenas de pólipos). Esta última suele presentarse en personas muy jóvenes, incluso a partir de los 10 años. La buena noticia es que para ellas existe un tratamiento farmacológico que retrasa su aparición. “Se trata con un tipo de antiinflamatorios para retrasar la edad de la cirugía preventiva, ya que todos desarrollan cáncer”, explica el dr. Pedro Pérez. Este experto hace una última recomendación: “En las personas con riesgo, es importante seguir una vida saludable y acudir a las revisiones con el especialista. Eso reduce la incidencia de este cáncer en un 60-70%”.
Cáncer de mama: quimioprevención
Se han identificado dos mutaciones (BRCA1 y BRCA2) que convierten a sus portadoras en personas de alto riesgo. “A mí me lo detectaron a los 39 años y tuve que elegir entre varias opciones: vigilancia con examen clínico cada seis meses, quimioprevención y cirugía de mamas y ovarios. Decidí quitarme los ovarios para reducir un 39% el riesgo. Ahora me están realizando un seguimiento cada seis meses. Pero descarté la quimioprevención porque no deseaba los efectos secundarios que tiene”, cuenta S. G.
La quimioprevención no es exactamente una quimioterapia, sino una serie de fármacos que previenen el desarrollo de la enfermedad. El más utilizado es el tamoxifeno, un medicamento que interfiere con la actividad de los estrógenos, hormonas femeninas que estimulan el crecimiento de las células tumorales en el cáncer de mama. Sin embargo, aún hay muchos interrogantes en torno a esta terapia, por ejemplo, ¿cuánto tiempo hay que tomarla? “El uso de tamoxifeno durante al menos cinco años ofrece protección, pero no sabemos si se debe consumir durante más tiempo porque aún faltan estudios”, explica el dr. Miguel Martín, jefe de Servicio de Oncología Médica en el Hospital Gregorio Marañón, en Madrid. Además, este fármaco no se recomienda en mujeres menopaúsicas. Para ellas, se está estudiando otro, el exemestano. “Se puede utilizar en mujeres sanas con riesgo de desarrollar cáncer de mama, ha demostrado eficacia preventiva y, aparentemente, es más potente”, aclara el dr. José Enrique Alés, coordinador del estudio MAP.3 sobre quimioprevención en España. Aunque los resultados han sido positivos, aún está pendiente de ser aprobado por el Ministerio de Sanidad.
Cáncer de estómago: detectar la bacteria
Para no desarrollar este tipo de cáncer se ha encontrado la diana terapéutica perfecta: una bacteria que está en el punto de mira. El MCC–Spain es un trabajo epidemiológico iniciado en 2008 que estudia los tipos de cáncer más frecuentes en nuestro país y su relación con la genética y el ambiente. Se trata de un trabajo muy amplio, que recoge información de 19 hospitales de 10 comunidades autónomas. Entre los primeros datos publicados sorprende uno: la alta incidencia de cáncer de estómago que refleja Castilla y León, cuyas tasas son más elevadas que la media nacional. “Está muy relacionado con el helicobacter pylori, una bacteria que infecta la mucosa del estómago.Donde se registran más casos de helicobacter hay más casos de cáncer. Pero desarrollar la enfermedad depende de la persona y del tipo de bacteria. Hay factores genéticos que favorecen la interacción con el helicobacter, suelen ser familias con antecedentes de este tipo de cáncer”, explica el dr. Vicente Martín, del Área de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de León y coordinador del estudio en esta comunidad. También han visto que la dieta, junto a la bacteria, influye: “Un régimen a base de productos procesados, ahumados, salados, que contengan nitritos y nitratos (embutidos, etc.), incrementa el riesgo”, advierte el especialista.
Detectar la bacteria es sencillo: basta realizar un test de aliento. Si da positivo se suele recomendar un tratamiento antibiótico para acabar con ella. Esta prueba está especialmente indicada en personas con alto riesgo de desarrollar cáncer de estómago por antecedentes familiares o cuando aparecen síntomas como malestar de estómago o restos de sangre en las heces.
LA DIETA TAMBIÉN INFLUYE
El Estudio EPIC (European Prospective Investigation into Cancer) trata de poner de manifiesto la relación entre los hábitos y la incidencia de diferentes tipos de cáncer. “Se trata de una investigación muy importante porque llega a una serie de conclusiones que sirven para desarrollar políticas sanitarias y mejorar la salud de la población”, explica la dra. Pilar Gómez Enterría, coordinadora del Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN). Ya se conocen algunas de sus conclusiones. Se sabe, por ejemplo, que la fibra tiene un efecto protector frente al cáncer de recto; que a mayor consumo de pescado, menor incidencia de cáncer de colon y que la ingesta elevada de verduras de hoja se asocia a un menor riesgo de cáncer de mama. Pero aunque la dieta influye, no es la panacea. “No hay ningún alimento “malo” o “bueno”, todo depende de mantener un equilibrio en la alimentación”, puntualiza Gómez Enterría. ¿Cómo podemos conseguir ese equilibrio? Siguiendo una serie de reglas básicas en nuestros hábitos diarios:
- Dieta variada y equilibrada. Hay que variar la elección de cada alimento a lo largo de la semana, sin caer en el hábito de repetir varias veces el mismo.
- Incluir frutas, verduras y legumbres a lo largo del día. Porque aportan fibra y sustancias antioxidantes.
- Consumir pescado de modo habitual, al menos, tres veces a la semana.
- Mantener un peso correcto, evitando el sobrepeso y la obesidad.
- Evitar los cárnicos procesados (salchichas, salazones, embutidos, etc).
- Limitar el Alcohol. El consumo máximo está en 20 g para la mujer y 30 g para el varón.
- No fumar y evitar el sedentarismo. Se recomienda caminar una media de 30 minutos o más al día como mínimo.
¿TUMORES CON CÉLULAS MADRE?
Tradicionalmente, los tumores cancerígenos se consideraban células que habían crecido de una forma descontrolada, pero un hecho contradecía esta opinión: el de que para acabar con el cáncer no bastaba con extirpar el tumor, sino que también había que asegurarse de que no sobrevivía ninguna célula cancerígena. ¿Por qué? Porque los oncólogos saben que cada una de esas pequeñas células son capaces de provocar una recaída. Por ello, los investigadores han sospechado durante años que estas células cancerígenas son algo más que “células locas” y que detrás de ellas se esconden auténticas células madre. Tres recientes estudios realizados con ratones apuntan a que esta posibilidad es una realidad. De comprobarse los mismos datos en humanos, el tratamiento habitual contra el cáncer debería cambiar e incluir a estas células como uno de sus objetivos primordiales.