Matilde y Susana son madre
e hija. Ambas comparten
ginecóloga y, hasta hace
un par de años, también
el problema de sufrir
unas menstruaciones muy abundantes y
dolorosas. Por ello, su doctora les propuso
implantarles un DIU medicalizado con
hormonas que convierte las reglas en algo
prácticamente inexistente. Matilde, a sus
45 años, está encantada: “Han desaparecido
todas las molestias, no he vuelto a acordarme
de la regla, estoy feliz”. En cambio,
Susana, de 21 años, terminó quitándoselo:
“No podía soportar la incertidumbre de si
me habría quedado embarazada. Ya tuve
un hijo demasiado joven, con 18 años, y la
posibilidad de que me vuelva a ocurrir me
aterra; con este tipo de DIU, al no tener
la regla, solo algún manchado esporádico,
me pasaba el día haciéndome pruebas para
descartar el embarazo”. Su ejemplo nos
sirve para representar la cara y la cruz de
una controvertida opción: la de que nuestro
método anticonceptivo no solo evite
que nos quedemos embarazadas, sino que
también pueda suprimirnos la regla o, al
menos, reducirla a la mínima expresión.
Y esto nos lleva mucho más allá, al debate,
cada día más actual, de si llegaremos a considerar la menstruación algo obsoleto,
mera reliquia del pasado. Y algunos pasos
ya se han dado en este sentido.
¿Un problema?
Los primeros, en realidad, se dieron hace
ya muchos años, desde que se desarrolló
la píldora anticonceptiva. “Con la píldora,
el sangrado no es verdaderamente una menstruación, es una regla falsa”, explica
la dra. Esther de la Viuda, presidenta de
la Sociedad Española de Contracepción
(SEC). Para entenderlo, hemos de remontarnos
a aquel momento, medio siglo atrás,
en que aparecieron estos tratamientos;
había entonces una importante controversia
social en torno a ellos y muchas mujeres
no se fiaban de que realmente pudieran
prevenir un embarazo por el mero hecho
de tomarse una pastilla diaria. “Por eso se
intentó idear un método que imitara el
ciclo femenino; añadiendo estrógenos a la
composición de la píldora se conseguía un
ciclo similar, con sangrado incluido, que
tranquilizaba a la mujer: era una forma de
saber que no estaban embarazadas, aunque
no se trata de una regla puesto que, con la
píldora, no hay ovulación”.
Así pues, nos encontramos con que, por
más que sangren cada 28 días, los millones
de mujeres que toman la píldora cada día
en realidad no menstrúan. Y la mayoría de
ellas, ni lo sospechan. Con el paso de los
años, y una vez que los anticonceptivos
orales se convirtieron en el pan nuestro
de cada día, surgió la posibilidad de ir más
allá: si, en realidad, lo que propician es una
regla falsa, ¿por qué mantenerla? ¿Para
qué seguir con una rutina que, aparentemente,
no aporta ningún valor fisiológico?
Y, así, la exigente FDA (la autoridad sanitaria
en EE.UU.) terminó dando vía libre a
la comercialización de dos nuevas píldoras
anticonceptivas, Seasonale y Lybrel. El
nombre de la primera (“season” en inglés,
significa “estación del año”) ya nos indicaba
por dónde iban los tiros: con ella, tan
solo se tienen cuatro reglas al año, una por
estación. El nombre de Lybrel tampoco es
del todo inocente: sugiere libertad y, así,
con su uso desaparece la menstruación.
A Europa, en cambio, la autorización para
estos productos no ha llegado, lo que no
significa, continúa la doctora De la Viuda,
que no podamos conseguir “un efecto similar con los que tenemos disponibles aquí.
En realidad, bastaría con utilizar de forma
continuada, sin hacer descansos, las píldoras
combinadas de etinil estradiol y levonorgestrel”.
Y el dr. Ezequiel Pérez Campos,
presidente de la Fundación Española de
Contracepción (FEC), apunta que “cada
vez hay más consultas de mujeres jóvenes
que nos preguntan cómo pueden desplazar
la regla a conveniencia, para que no
les venga un mes determinado o en vacaciones,
o coincidiendo con una actividad
concreta, como cuando preparan una
oposición. Aun así, todavía en España hay
una visión tradicional, de forma que, para
muchas mujeres, la menstruación es una
forma de limpiar el cuerpo, de depurarlo;
y subsiste la idea de que, al ser la regla algo
natural, suprimirla es antinatural”.
Efectivamente, antes hablábamos acerca
del debate sobre la hipotética obsolescencia
de la menstruación. Y, para que haya un
debate, tiene que haber dos partes enfrentadas.
Por su parte, la SEC ha publicado
un documento en el que se concluía que
no había evidencia de que tuvieran una
repercusión negativa para la salud; y que,
en algunas circunstancias, como dolores
intensos, endometriosis, anemia debida a
sangrado excesivo, cefaleas menstruales...,
podrían tener un efecto beneficioso sobre
la salud de la mujer. Pero no todos están de
acuerdo con esta opinión.
Sin pruebas. También se han alzado voces en contra de
este tipo de anticonceptivos. Así, la dra.
Carme Valls-Llobet es sumamente crítica
con ellos. Y esta crítica se sustenta, básicamente,
en dos puntos: “Lo fundamental
es que no hay evidencia a largo plazo
de lo que le puede ocurrir al cuerpo de
una mujer a la que se está hormonando
constantemente. No hay experiencia; por
tanto, que lo prueben con voluntarios que acepten este riesgo durante varios
años”. Pero, además, la doctora apunta
que, con estos métodos, “la mujer no sabe
realmente cuándo va a manchar, cuando
va a tener algún sangrado. Con el Lybrel
es algo imprevisible, que puede ocurrir en
cualquier momento. Y, por tanto, es mucho
más complicado que llegue a darse cuenta
de si está o no embarazada. A mí me asombró
leer en su prospecto la recomendación
de que la mujer se hiciera periódicamente
pruebas de embarazo... Pero, ¿no se supone
que la tomas precisamente para no quedarte
embarazada?”. La doctora Valls-Llobet va
más allá: a su juicio, “la menstruación es
un indicador de que algo va o no va bien en
nuestro cuerpo. Si no va bien, significa que
hay una alteración metabólica, endocrina,
psicológica o social. Pero si, cuando una
mujer te indica que tiene trastornos con
la menstruación, lo primero que haces es
intentar abolírsela, no estás escuchando
a su cuerpo. Abolirla lo único que hace es
tapar los problemas, falsearlos”. Con ella
coinciden numerosas personas, hasta el
punto de que en EE.UU. se han ido creando
movimientos encaminados a reivindicar la
menstruación. Uno de los libros de cabecera
de quienes los secundan es el ya clásico
“Hygieia: a woman’s herbal”, de Jeanne
Pavarti, la primera en promover una visión
positiva de la menstruación como fuente
de orgullo y poder de las mujeres.
Chequeo mensual. En esta misma línea se mueve María del
Mar Jiménez Redal, socióloga holística, coautora
del libro “Una Nueva Maternidad”
(Ed. Ob Stare) y creadora de “El blog alternativo”,
en el cual ha publicado el documento
“Menstruación, la sabiduría oculta”:
“Nuestra sociedad solo subraya lo patológico
de la menstruación: dolor, debilidad,
estorbo... Y, por tanto, lo que pretende es
ocultar o manipular el estigma de sangrar.
Aparte de la violencia y el miedo, nada ha
sido tan eficaz para relegar a las mujeres a
un lugar secundario como la degradación
del ciclo menstrual. Y el tabú asociado al
ciclo menstrual sigue hoy más vigente que
nunca; por eso ahora nos ofrecen píldoras
para exterminarla. Total, ¿para qué sirve?
¿No es solo un sangrado intrascendente
e inconveniente? No, no lo es. La gran
verdad oculta es que la menstruación es
muchísimo más que una manifestación
física: es una fuente de conocimiento
interior. La regla es un prodigio biológico
muy beneficioso para el cuerpo femenino
y, a nivel físico, actúa como un sistema
de autolimpieza mensual, protegiendo el
aparato genital femenino, reforzando las
defensas del organismo gracias a los estrógenos
naturales”.
Regla y feminidad. Este tipo de afirmaciones, en opinión del
dr. Pedro Barri, ginecólogo y presidente de
la Fundación Dexeus, “no se sostienen en
la actualidad. Ese concepto ancestral de la
regla que purifica y libera... No. La regla
es una incomodidad. Tradicionalmente,
su ausencia se ha asociado o bien a haber
entrado en la menopausia, o bien a un
fallo hormonal. Este fallo hormonal sí es
importante para la salud de la mujer, pero,
si una mujer tiene unos niveles hormonales
adecuados... tener o no la regla es algo
secundario. Hay que quitarle tanta carga
antropológica a la menstruación; tiene
demasiada. Eso sí, siempre respetando que
hay mujeres que te dicen que se sienten
mejor cuando les viene la regla”.
Con él coincide la dra. De la Viuda, quien
recuerda que “la comercialización de la
píldora fue una revolución que permitió
separar sexualidad de reproducción. En
este momento, lo que estamos separando
es menstruación de determinados conceptos
asociados a la feminidad o al ser mujer.
Porque, dentro de todas las ideas erróneas
sobre sexualidad reproductiva, que son
muchísimas, aún persisten las de que tener
la regla es bueno para que no se acumule
la sangre, o un proceso de limpieza y purificación.
Son ideas un poco trasnochadas
que siguen estando muy presentes en la
sociedad. Muy a menudo oigo eso de “no
puede ser bueno eso de quitar la regla...”.
Se sigue pensando que es antinatural”.
ANTICONCEPTIVOS
QUE ALTERAN EL
RITMO MENSTRUAL
- MÉTODOS SOLO GESTÁGENOS:
con ellos hay un patrón impredecible
de sangrado menstrual. Puede
suceder tanto que desaparezca la
regla como que aparezcan sangrados
esporádicos o, incluso, que sean
continuos, aunque escasos.
- PÍLDORA DE SOLO GESTÁGENOS:
muy indicada en la lactancia, uno
de sus inconvenientes es que, con
ella, algunas mujeres manchan
continuamente, otras pueden
quedarse sin regla y otras tenerla.
- INYECTABLES DE GESTÁGENO:
el 40% de las mujeres que los usan
durante un año, y el 80% de las que
los utilizan durante tres, se quedan
sin regla, aunque con sangrados
esporádicos.
- DIU MEDICALIZADO: indicado
para mujeres con sangrados muy
abundantes. El 20% de las usuarias
se queda sin regla a partir del sexto
mes de uso; a los cinco años, este
porcentaje se eleva al 50%.
- IMPLANTE SUBDÉRMICO: en
la mayoría de los casos, la regla
desaparece totalmente, pero
cada mujer puede tener su propio
ciclo: sangrados más escasos
o abundantes, manchar solo
ocasionalmente…
- PÍLDORA COMBINADA DE ETINIL
ESTRADIOL Y LEVONORGESTREL:
En EE.UU. se han aprobado
Seasonale y Lybrel. La primera reduce
las menstruaciones a cuatro; la
segunda a ninguna.