Es cierto, la lengua produce placeres a través del beso que sustituyen a otras formas de sexo cuando éstas no están permitidas. Con el tiempo, y superadas ya las barreras que nos impedían la penetración o el sexo oral, el beso cae en el olvido...como si nunca hubiera existido

La lengua puede adoptar actitudes distintas a gusto del sujeto. A veces se pone blanda y se deja acariciar. A veces es dura y acaricia, penetra, vibra... de un modo tierno, violento, suave, apasionado.

Sin ninguna duda, a través de la boca y de la lengua puede llegar a sentirse el más vivo placer: el orgasmo. La prohibición — por las causas que sean— de llegar a más hace a veces que el beso intenso sea el principio y fin.

Lamentablemente, esta clase de caricias suelen darse cuando otras no están permitidas. Así podemos observar que los que más se besan en la boca son los jóvenes, disminuyendo con el tiempo y la costumbre esta caricia, hasta casi quedar suprimida y atrofiada en las parejas mayores