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Nº 5 L'Eau, el renacimiento de un mito

Con ella llega una fragancia de nueva generación. Un icono olfativo reinterpretado y modernizado.

Bodegón con Nº5 L'eau
Bodegón con Nº5 L'eau D.R.

Madrid

A Olivier Polge, heredero del talento de su padre, el legendario perfumista Jacques Polge, le dieron una complicada misión hace dos años: reinterpretar la fragancia más famosa del mundo. La premisa era modernizarla sin que perdiera su esencia, hacer de esta nueva encarnación del Nº 5 de Chanel una hija de su tiempo, un tiempo de selfies, postureo, globalización, realities y alcance inmediato de cualquier idea, noticia o pensamiento.

La heredera

Así que LEau, que así se ha llamado, tenía que ser ágil, femenina, moderna, vibrante... Igual que Lily-Rose Depp, su musa: 17 años, padres ultrafamosos (Johnny Depp y Vanessa Paradis), dos millones de seguidores en Instagram, personalidad clara y elegancia intrínseca.

Sin embargo, para dar con algo tan actual e inmediato, Olivier volvió a los orígenes, a la estructura original del extracto de Nº 5 y a la rosa centifollia de Grasse. "Quería que LEau permaneciera en la gramática esencial de Chanel", explica. Esta flor diminuta y pálida responde al nombre de rosa de mayo. No tiene espinas, crece en una zona específica de la región gala de las flores con un microclima que solo se da allí y brota una vez al año (en mayo). Solo tiene 50 pétalos y posee un equilibrio olfativo absoluto.

Chanel la recolecta a mano en unos campos que se dedican en cuerpo y alma a la centifollia desde hace más de cinco generaciones. En su núcleo, una bastida de piedra del siglo XVIII vigila los trabajos que se hacen con la máxima escrupulosidad. La rosa de mayo es una criatura refinada que hay que cosechar con delicadeza: se coge la flor por el cáliz con los dedos para que quede atrapada en el hueco de la mano.

Una vez cortada, solo hay dos horas de margen para extraer su esencia o las moléculas de su fragancia se perderán para siempre. En la destilería, situada en la misma plantación, los sacos de rosas frescas se transforman en esencias (que se extrae con agua) y absolutos (con agentes volátiles) en grandes cubas metálicas a altísimas temperaturas.

El resultado es el corazón que insufla vida a esta reformulación del Nº 5. Una receta libre de nostalgia, un soplo de aire fresco que deja a su paso un rastro de rosa de mayo, cítricos, entramado floral de jazmín e ylang ylang, notas verdes y una vibración de cedro y vetiver. Polge, que aísla los acordes para trabajar porque así "depura los sentidos", ha preferido destacar las tonalidades verdes, un poco frutales que abrigan el armónico de rosa. "Buscaba sus facetas más dinámicas. Así LEau respira mejor y logra un mayor colorido", apunta.

Este jugo prodigioso se embotella en el cristal tallado con tapón octogonal en el que se hace fuerte su fragancia original. Pero reivindica su moderninad con un abrigo de cartón blanco en relieve. Un estilismo perfecto para el perfume de una nueva generación.

El perfumista Olivier Polge es el artífice L'Eau.
El perfumista Olivier Polge es el artífice L'Eau.