Hoy me he escapado a comer con mi amiga periodista (a partir de ahora, AP). Sí, esa íntima que se dedica, para mi gran envidia, a escribir sobre belleza y así puede probarlo todo antes de que salga - ¡y gratis! Y me contó que había estado en un encuentro con Olivier Echaudemaison. Que ya sé yo que ustedes no saben quien es, pero es uno de mis ídolos. Dicho sea de paso, mi galería de ídolos es bastante grande, una tiene un corazón amplio y generoso cuando de cosmética se trata.

Monsieur Echaudemaison es uno de los grandes artistas de maquillaje del mundo, creador del colorido de nada más y nada menos que Guerlain, casa elegante, lujosa y chic donde las haya. Porque reconozco que, igual que siento debilidad por las creaciones del señor Echaudemaison, la siento también por Guerlain, una de esas casas cosméticas míticas, eternas, que cada temporada, con cada lanzamiento, saben reinventar el lujo y seguir haciéndolo contemporáneo. Lo cual, en la época del 'mass market' es todo un logro. Y muy de agradecer.

Parece ser que Guerlain presentaba a la prensa un nuevo labial. Así que el maquillador miró a una de las periodistas, observó que no llevaba los labios pintados y le dijo, “¿a que hoy no has tenido un día divertido?”.

Imagino que ella, como casi todas las mortales que conozco, no puede presumir de día divertido en una jornada entre semana, menos a media mañana. Vamos, no sé ustedes, pero en general, y salvo raras excepciones, mis jornadas son para reír, sí, pero sólo por no llorar. Divertidas, lo que se dice divertidas, no suelen ser.

Parece ser que ése era el caso de la periodista en cuestión, así que, divertida o no, le instó a maquillarse los labios. Y supongo que su día no pasaría por ello a ser divertido, pero… ¿Saben qué? Seguro que se hizo más bonito.

Porque cuando tuvimos esta conversación recordé lo bien que me hace sentir un toque de color. Y cuando digo color me refiero a COLOR. No un beige discreto, o un rosita invisible, sino un rojo vivo, que me haga sentir igualmente viva, vibrante.

No sé que tiene el rojo, pero… algo tiene. Algo especial.

Recordé también una frase de Marilyn que un día, no sé cuando, leí y recorté en mi agenda de citas: “Cuando me quiero sentir arreglada sin esfuerzo, me pongo unas gafas negras, lápiz de labios rojo, y ya está”.

Es verdad: un toque de labial rojo cambia tu forma de estar, de moverte.

El rojos es a la cara lo que los tacones a la figura: un golpe de estilo instantáneo. Con la ventaja de que, a diferencia de los tacones, no provoca dolor de pies. Mañana rescato mi rojo de labios. Me lo merezco.

Autora Alex P.

Experta en belleza y cosmética.

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Alex P.

Crónicas cosméticas, trucos de belleza, consejos de estilismo y, a veces, un toque de glamour irreverente. Escrito por nuestra experta Alex P.