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Siete cosas que explican por qué tu casa te engorda

Las horas de luz solar que recibe, el tamaño de la vajilla y el número de aparatos electrónicos que tienes en tu hogar son algunos de los aspectos que influyen en tu alimentación.

Una mujer, tumbada en el sofá.
Una mujer, tumbada en el sofá. GTRES

Por si cuidar tus hábitos alimenticios y tu actividad física diaria no fuera suficiente, ahora resulta que tu casa también te engorda. Dicho así, suena raro, pero tiene su explicación. Recopilamos las siete razones por las que tu casa te engorda y te damos la solución para que tu hogar deje de ser un enemigo a la hora de comer de forma saludable.

Tu casa te engorda si...

  1. Tienes muchas pantallas. Ver más horas diarias de televisión se asocian con un elevado riesgo de sobrepeso y obesidad. El tiempo frente a una pantalla es tiempo sedentario. Además, muchas veces nos sentamos ante la televisión como un modo de consumir tiempo, pues en realidad no nos interesa demasiado lo que estamos viendo, pero ahí estamos. La solución: Considerar dejar una sola tele en casa si es posible la del salón y dejar las habitaciones solo para leer o para dormir. Intenta evitar los ordenadores y las tablets en la cama y ponle un freno al teléfono móvil o smartphone.
  2. Reina la oscuridad en ella. Cuando no duermes suficiente, tu cuerpo reduce el nivel de las hormonas que controlan el apetito, así que tendrás más riesgo de darte atracones. Un estudio publicado en la Revista Internacional de Endocrinología demostró que los adultos con trastornos del sueño que estaban expuestos a poca luz durante las horas de la mañana tenían concentraciones más bajas de leptina, la hormona que regula el apetito. La solución: Cuando te despiertes por las mañanas abre las cortinas y permite la entrada de luz en la casa, enciende todas las luces y expón tu cuerpo a la luz. Además, la iluminación te ayudará a desperezarte.
  3. Sueles servir la comida en fuentes cuando vas a comer. Es fácil tomar una ración extra de puré de patatas si tienes la fuente delante en la mesa. Incluso si no tienes hambre. Otra cosa muy distinta sucedería si tuvieras que cruzar la casa para ir a buscar más comida. La solución: Sirve la comida en cada plato en lugar de poner fuentes en la mesa con los alimentos. Con esta estrategia se reduce la ingesta de comida en un 10%, según un estudio de la Universidad de Cornell.
  4. Tus platos son demasiado grandes. Los platos enormes pueden ser bonitos pero son un tiro de gracia para la dieta, porque uno tiende a llenar los espacios vacíos. La solución: Reduce el tamaño de las porciones aunque los platos se quedan medio vacíos. Si no te sientes cómoda cone esta opción, reduce el tamaño de la vajilla.
  5. Tu hogar es demasiado confortable por la noche. Llegas a casa, cenas, te vas al sofá, te arropas con la mantita, enciendes el televisor, buscas en la programación a ver si te interesa algo y finalmente te pones una serie, y todo ello por supuesto utilizando el mando a distancia. Ni se te ocurre levantarte del sofá si no es para irte a la cama. Esta vida muelle y sedentaria significa que empiezas el descanso nocturno antes de tiempo y que tu cuerpo está en modo descanso demasiadas horas. La solución: No te pongas el pijama tan pronto ni te tires en el sofá a oscuras, enciende las luces, actívate con las tareas de casa y escucha música un poco movida después de cenar. Incluso puedes ir a dar un paseo después de la cena.
  6. Las estanterías de la cocina están a rebosar de comida. Muchas veces tener alimentos poco saludables a la vista y en grandes cantidades es suficiente para pegarse un atracón. La solución: Limpia la cocina y libera todo lo que sea posible estanterías y armarios. Deja los productos básicos y tira lo que esté a punto de caducarse o lo que sabes que no vas a utilizar. Implanta una política de mínimos e intenta comprar bajo esa máxima. No comprar de más es no comer de más.
  7. Guardas la fruta en la nevera. Si escondes los alimentos saludables y no los tienes a la vista, acabarán estropeándose. Muchas frutas no necesitan ser refrigeradas. Si no los ves, los olvidarás y cuando estés muy ocupada te será más fácil abrir una bolsa de patatas que cortar un trozo de fruta. La solución: Compra un bol bonito, llénalo de frutas y úsalo para decorar la cocina. Corta las verduras y ponlas en un recipiente transparente en el centro de la nevera.


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