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Tres alimentos blancos que debes eliminar cuanto antes de tu dieta

Así se aplica a la nutrición la vía negativa, un concepto empresarial que ve prioritario suprimir lo que más perjudica.

Azúcar, grasas tráns y lácteos, una combinación pésima para la nutrición.
Azúcar, grasas tráns y lácteos, una combinación pésima para la nutrición. GTRES

Muchas enfermedades actuales son el resultado de la incompatibilidad entre el diseño genético de nuestro organismo y el uso que le damos. Mientras que las leyes de la fisiología y la bioquímica necesitan millones de años para evolucionar, muchos alimentos se han transformado a velocidad de vértigo y han aparecido por primera vez hace tan solo unos pocos años. ¿Cuál es el efecto que esto produce en nuestro cuerpo? Tal como explica la doctora Isabel Belaustegui, estamos asistiendo a una falta de sincronización entre nuestro diseño genético evolutivo y los alimentos que elegimos. A esto se suma el hecho de que sobrepasamos la capacidad natural de eliminación de toxinas por la sobrealimentación, el consumo de alimentos procesados y el sedentarismo. El resultado neto es una avalancha de enfermedades crónicas degenerativas.

Por eso la experta asegura que lo que necesita nuestra salud es dejar de comer muchas de las cosas con las que nos atiborramos. Esta es la idea que recoge la vía negativa, un concepto que Belaustegui escuchó hace años en boca de un economista y que es posible aplicar a la nutrición. (este concepto sostiene que la prioridad es reducir los gastos para poder aumentar los beneficios netos). En nutrición, la aplicación de la vía negativa consiste en empezar por eliminar alimentos y sustancias perjudiciales para nuestro organismo como primer paso en la búsqueda de la salud y el bienestar. Después, ya se irán ingresando los mejores combustibles.

Los alimentos que deben salir de la dieta de toda persona interesada en su salud y su felicidad son los tres blancos:

Los alimentos que perjudican tu salud

  • 1) Azúcares y harinas refinadas.
  • 2) Leche y derivados lácteos.
  • 3) Grasas trans.

¿Por qué debo eliminar azúcares y harinas refinadas?

Cuando consumimos azúcar y harinas refinadas, se produce un aumento repentino de glucosa en la sangre. Este pico de azúcar estimula la secreción brusca e intensa de insulina. Los picos de insulina favorecen el desarrollo de sobrepeso, obesidad, y diabetes.

Favorecen la inflamación y múltiples enfermedades asociadas, desde un simple resfriado hasta algo tan grave como el cáncer.

Junto con la insulina se libera una sustancia llamada IGF (factor de crecimiento similar a la insulina), que estimula el crecimiento celular. Es decir, que el azúcar y las harinas refinadas nutren los tejidos y hacen que crezcan más deprisa. Y, en un tejido tumoral, esto significa que el azúcar y las harinas refinadas estimulan el crecimiento de las células cancerosas y potencian su capacidad para invadir los tejidos vecinos. Este efecto potenciador tumoral del azúcar es tan importante que su descubrimiento mereció el premio Nobel en Medicina al fisiólogo alemán Otto H. Warburg en 1931.

La experta aconseja sacar de tu despensa el azúcar y los alimentos que lo contengan como los refrescos, la bollería y los alimentos procesados. Tira a la basura los edulcorantes químicos. Y sustituye las harinas refinadas por cereales integrales. Puedes saciar las ganas de dulce con frutas frescas y deshidratadas (higos pasos, uvas pasas, ciruelas pasas, orejones, etc.) y endulzantes naturales como la miel o la estevia.

¿Por qué debo eliminar la leche y los derivados lácteos?

La leche de vaca es un alimento completo rico en carbohidratos, proteínas, grasas, vitaminas y minerales y por eso se nos ha hecho creer que es imprescindible para los seres humanos.

Para empezar, la leche de los mamíferos tiene una alta especificidad biológica, es decir, cada especie está estrictamente adaptada a su leche. Por lo que la leche de vaca es un alimento rico en todos esos nutrientes en las proporciones requeridas para el crecimiento del ternero, no del niño (y menos aún del adulto humano). El problema más conocido en relación con el consumo de productos lácteos es el de la intolerancia a la lactosa pero hay más.

En comparación con la leche humana, la leche de vaca tiene excesiva cantidad de la proteína caseína, que provoca daño en las células de la pared intestinal, produciendo hiperpermeabilidad intestinal y sensibilización prematura. Por el efecto que tienen las proteínas lácteas, se va agotando al sistema inmune y aparecen las infecciones, las alergias, la diabetes por lesión del páncreas, problemas de aparato respiratorio, asma y tumoraciones en mamas y ovarios.

La grasa de la leche de vaca coagula en grumos que no son bien digeridos por nuestro aparato digestivo.

La leche de vaca tiene 6 veces más fósforo y 4 veces más calcio que la leche humana, una desproporción mineral que dificulta la correcta formación de los huesos. "Es llamativo cómo se ha instaurado la idea de que la leche es el alimento rico en calcio. Tenemos grabado en el cerebro que leche es igual a calcio y calcio es igual a huesos fuertes. Pero no es cierto. Si lo fuera, las personas que más leche y derivados lácteos consumieran deberían ser las poseedoras de los huesos más fuertes del planeta, y eso no es así. Sí es cierto que la leche tiene mucho calcio pero no ayuda a prevenir la osteoporosis y puede incluso empeorarla. Y esto es porque no sólo no absorbemos adecuadamente el calcio de la leche, sino que para compensar la acidez generada por las proteínas lácteas el organismo usa sales básicas del hueso, favoreciendo la desmineralización", argumenta la experta.

Puedes elegir otros alimentos ricos en calcio mucho más favorables para la salud: las semillas de sésamo, las alubias, las almendras, el brécol, las sardinas, las algas o los cereales integrales.

¿Por qué no debo tomar grasas hidrogenadas o grasas trans?

Cuando la experta habla de estas grasas se refiere a las “grasas trans" o "grasas hidrogenadas" porque se elaboran mediante un proceso de hidrogenación a partir de grasas de origen vegetal (aceite de soja, de palma o de colza, principalmente). De ese modo, pasan de ser grasas líquidas a un estado semi-sólido, fácil de conservar y de emplear.

Esa modificación de su estructura molecular no las hace sólo más útiles para la industria alimentaria sino también más perjudiciales para nuestra salud. Las grasas trans, según la experta, son más difíciles de digerir y más inflamatorias que los aceites omega 6 en su estado natural. Hay numerosos estudios científicos que relacionan el consumo de grasas trans con las enfermedades cardiovasculares, la inflamación y el cáncer.

Saca de tu despensa todos esos productos elaborados que contienen grasas trans. Y elige grasas saludables, fundamentales para la salud y el bienestar: aceitunas, aceite de oliva, aceite de coco, aguacate, frutos secos y semillas.

Con la vía negativa empezarás a sentirte mucho mejor: estarás eliminando de tu dieta una fuente de enfermedades y pequeñas molestias cotidianas y estarás mejorando el estado de tus sistemas de depuración, los filtros de tu vehículo.


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