Cuando era pequeña vio el fragmento de una película de la cual aún no ha conseguido olvidarse. Un hombre que llevaba una dosis a una pareja de yonquis en un coche. La dosis era una palabra. Aquel hombre fabricaba palabras para sus clientes. Justo las que necesitaban en cada momento. Jamás supo de qué película se trataba ni averiguó, por más que preguntó, el nombre del director, o de aquel guionista visionario.
Le pareció tan poético... Adictos a la literatura. A los beneficios catárticos, curativos de las palabras. Te quiero, te necesito, lo siento, me equivoqué. Todo irá bien…
Y como la realidad supera a la ficción, años después descubre que un grupo de estudiantes de publicidad valencianos han creado un portal donde, sin ánimo de lucro, cualquiera puede regalar una palabra a quien más lo necesite. En la web de la iniciativa, se puede ver toda una declaración de intenciones en forma de vídeo. Es tan bello, tan sencillo, que pone los pelos de punta. Una buena manera de demostrar que con un escaso presupuesto, mucho ingenio y buena voluntad pueden cambiar las cosas. O, al menos, el estado de ánimo de alguien que lo está pasando mal, durante unas horas.
De Bendecido, un inmigrante, de 37 años, que mantiene a una familia en Nigeria que hace tres años que no ve. O el de Julia, una chica que acaba de perder el trabajo y cuya madre acaba de enfermar de cáncer. Conoce iniciativa por Twitter y, después de intercambiar algunos correos con los creadores de la idea, sabe que todo surgió fruto de la desilusión, de un futuro negro para la generación más formada de la Historia de España.
Al hambre, la locura, y las ganas, se unió el azar: el hallazgo de una vieja imprenta por casualidad. Imprimieron tres palabras. Hope, Smile y Happiness. Las enmarcaron y salieron al encuentro de tres personas muy necesitadas. Bendecido, Julia y Andrea. Rodaron los vídeos. Y las regalaron, en persona.
Ésa era la idea. Pura y simple. Hacer el bien con creatividad y mucho tiempo libre. Ahora, están desbordados. Para satisfacer la demanda on line, crearon el hashtag #pickawordtoday. No hacen más que recibir peticiones de personas que quieren hacer un poco más felices a sus familiares, amigos, seres queridos de su entorno. Les llegan unas historias personales escalofriantes, límite. Hijas de la crisis.
Van a organizarse para realizar cuantos pedidos físicos puedan, sin ningún cargo. Le maravilla que el mundo puede parecer un lugar mejor recibiendo, empaquetando la palabra adecuada, de la persona adecuada en el momento adecuado. ¿A ustedes no?