Facebook nos vigila. Lo sabe todo de nosotros. Sencillamente porque nosotros se lo hemos contado. Miramos muy mucho aceptar a un desconocido a menos de que sea amigo de muchos amigos y aun así sondeamos con un mensaje privado la procedencia del pollo. No vaya a resultar un indeseable que cotorree nuestras fotos. Todo este protocolo de seguridad se ve abreviado si el desconocido está como un queso. Entonces, confiamos en la bondad de los desconocidos. Bellos.
En cambio, no nos importa facilitar nuestros datos alegremente al ingresar en la red social: edad, sexo, procedencia, si tenemos una relación –complicada o no- y con quién… Vamos, la panacea de la segmentación comercial para cualquier marca que desee impactar en un público dócil que ha confesado gratis y voluntariamente todos y cada uno de sus intereses. Quizá por eso, a ella, los anuncios de Facebook siempre le ofrecen Masters de Marketing y zapatillas deportivas. Admite sin rubor que se enorgullece de que Facebook la tenga en tan alta estima. Su superyó siempre le obligó a epatar hasta a los seres inanimados.
También le ofrecen información sobre portales de boda y ropita de bebés. Le alivia, en cierto modo, saber que el Gran Hermano no la conoce del todo y dejar algo al misterio. Hasta ahí todo en orden. Entra en los parámetros de sexo y de edad. Ella misma también ha empleado estas ventajas para diseñar campañas on line a la medida de sus clientes.
Hasta que Facebook le recomendó la copa menstrual y se quedó loca. Le van a perdonar pero jamás había oído hablar de ella. Es una copa de silicona que se introduce en la vagina y que quiere ser una alternativa a tampones y compresas. Entre sus virtudes, que no absorbe la menstruación sino que la copa la acumula para extraerla después. Según el fabricante, es segura, ecológica, reutilizable, hipoalergénica y evita el síndrome del shock tóxico. Se calcula que cada mujer emplea a lo largo de su vida una media de 11.000 compresas o tampones pero qué quieren que les diga. No se ve reutilizando una copa menstrual por mucho que se ahorre. A decir verdad, no conoce a nadie que lo haga. Que será muy ecológica y económica pero aquello de deshacerse del flujo menstrual y tener que hervir el cachivache antes de emplearla el ciclo siguiente, le da no sé qué.
Como publicitaria piensa que hay productos tremendamente difíciles de anunciar. Principalmente porque nadie los conoce. Porque no son atractivos ni sexies. Le gustaría ver la cara de más de un creativo al recibir ese brífing. ¿Se imaginan a alguien presumiendo de ser Product Manager de las copitas de marras? Y es la pescadilla que se muerde la cola. Productos que no son conocidos porque se invierte poco en darlos a conocer. Principalmente porque es un producto que sólo se compra una vez. Le augura tanto éxito como al condón vaginal. Aquel método anticonceptivo femenino con el que la fiesta empezaba en el baño. Al intentar colocárselo.