Hay pueblos españoles que enamoran a primera vista, de no ser porque el amor allí parece haber pasado de largo. Hace unos años tuve ocasión de visitar Hoyocasero, en la Sierra de Gredos, provincia de Álava. Allí conocí a Mere, constructor de buen ver, que buscaba a su media naranja porque, de no usarlo más que de tarde en tarde y tenerlo medio abandonado, el deseo se le estaba quedando oxidado. A Julio "el cartero", que anhelaba ser el destinatario de alguna de las cariñosas misivas que de vez en cuando le tocaba repartir. Y a Nicolás, que tras pasar por varios romances desafortunados, había vuelto de la ciudad al pueblo después de 27 años. Le gustaba salir a pasear temprano cada mañana para respirar el frío, a ver si volvía a pillar la enfermedad de Cupido. Y así había otras sesenta y tantas "soledades" más.
Alguien en el pueblo se acordó de la llamada al amor que hace más de dos décadas protagonizaron los hombres de San Juan de Plan (Huesca) y decidieron organizar su propia caravana de mujeres. Así que llevaban meses anunciando sus bondades en la prensa local, a través de Internet y a base de carteladas y acabaron convocando a 250 mujeres. Alguno que otro encontró entonces, gracias a esta iniciativa, a su mujer ideal.
La organización del evento corrió a cargo de un experto en la materia, Manuel Gozalo, hoy presidente de Asocamu (Asociación de Caravana de Mujeres). Gozalo todavía recuerda el día en que echaron por la tele la película estadounidense ‘Westward the women’, filmada en 1951 y traducida al español como ‘Caravana de mujeres’. La cinta narra la historia de la repoblación del oeste americano durante la colonización gracias al traslado de mujeres procedentes de Chicago. Corría el año 1985 y en San Juan de Plan eran 40 hombres solteros frente a una única soltera. Gozalo se apropió de la idea de Hollywood y puso un anuncio dirigido a "mujeres de entre 20 y 40 años con fines matrimoniales". De aquella iniciativa surgieron 33 matrimonios, lo que dio una nueva vitalidad a este pueblo de los Pirineos.
Desde entonces, y aunque no les han faltado críticas (para acabar con el problema del éxodo rural haría falta poner en marcha otras medidas, como la mejora de las subvenciones que reciben los ganaderos, por ejemplo), se han celebrado más de medio centenar de caravanas de este tipo en España y han surgido más de un centenar de matrimonios. Sobre todo se llevan a cabo en pueblos de Castilla La Mancha, Castilla León y Extremadura. Las reuniones suelen durar un día o un fin de semana. Vecinos y visitantes comen juntos y visitan la zona. Hay concurso de baile, velada y cena. Ellas pagan el transporte y ellos invitan a lo demás. Gozalo es un claro ejemplo de que las caravanas funcionan. Conoció a su mujer en la tercera que organizó. Al año estaban viviendo juntos.
Hay una película de Icíar Bollaín, ‘Flores de otro mundo’ (1999), que narra la historia de tres mujeres que deciden participar en una de estas fiestas de solteros. Ambientada en Santa Eulalia, nombre ficticio del pueblo de Cantalojas, situado entre las provincias de Soria y Guadalajara, la trama se concentra en dos mujeres, una dominicana, Patricia, y otra vasca, Marirrossi, que simpatizan con Damián y Alfonso. La tercera relación de pareja que se nos presenta es la de Milady, una joven cubana que deja la Habana y aterriza en el pueblo de la mano de Carmelo, un hombre adinerado que ya ha viajado en otras ocasiones a Cuba. La película ofrece una mirada atenta e íntima sobre los problemas de integración de las mujeres inmigrantes en un pueblo castellano, la lucha desigual de hombres y mujeres contra la soledad y las formas de vida rurales en España.