Los Grammy del decoro

La CBS lo había advertido por correo interno. “Por favor, asegúrense de que los traseros y los pechos femeninos estén tapados adecuadamente. Los trajes tipo tanga son problemáticos. Por favor, eviten exponer carne desnuda por debajo del trasero. Los laterales desnudos o la piel por debajo de los pechos también resultan problemáticos. Por favor, eviten prendas con transparencias que puedan exponer los pezones de las mujeres. Por favor, asegúrense de que la región genital está adecuadamente cubierta para que no haya partes sensibles al descubierto”, decía el email que la cadena de televisión que retrasmitió ayer los Grammy remitió a los invitados a la gala que se le celebró en el Staples Center de Los Ángeles.

¿Sirvió tanto por favor y tanto remilgo? Sirvió. Salvo por alguna excepción, no se vieron sobre la alfombra roja los excesos de otros años, como aquel escote (digo bien, escote, porque vestido, lo que se dice vestido, no era) que convirtió a Jennifer Lopez en una sex symbol hace una década. Sorprendió el recato de la tan poco recatada Rihanna (aunque se saltó el punto de las transparencias), el sobrio pantalón más top asimétrico de Beyoncé y el vestido-mesa camilla de Adele. Por cierto, a Jlo la circular no le llegó. O eso, o se saltó las recomendaciones con pértiga, pues su vestido, imitación de la legendaria “abertura angelina”, era lo que la circular definía como “lateral desnudo”. Kelly Rowland (el 33,33 % de las recién resucitadas Destiny’s Child) también pecó de transparencias en las zonas más impúdicas. A Katy Perry no se le puede echar la bronca porque es de naturaleza pechugona.

Finalizado el desfile cárnico, la gala fue lo que acostumbran estos eventos: escenografías faraónicas, música en directo, una retahíla interminable de premios y alguna foto para el recuerdo. Como la de Rihanna y Chris Brown, sentados juntos cuatro años después de que la cantante cancelará su presencia en la misma gala después de haber sido agredida por su novio. Llegaron separados, pero se sentaron juntos en el enésimo capítulo de su “culebronesca” relación.

Hecha la pertinente crónica frívola, toca recordar a los que se fueron con el premio a casa: que si Adele, que si Carrie Underwood, que si Kelly Clarkson, que si la cuota hipster de Gotye y Fun, que si un rosario de raperos de cuyos nombres no puedo acordarme… Y los Black Keys, que demostraron que se puede ser de Akron, Ohio, y no gastarse un duro en videoclips y ser pese a todo, unas auténticas estrellas del rock.

Autora La espía

Mi código postal: 90210. Mi trabajo: espiar a mis famosísimos vecinos de mi barrio y aledaños.

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Te cuento lo que se dice en los pasillos de los estudios de cine y TV, los hoteles de lujo y los restaurantes de moda de Los Ángeles, la única ciudad capaz de ser decadente de día y glamurosa de noche.

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