San Valentín a la americana

“¿Cómo vas a celebrar Valentine’s day?”, me pregunta una de mis amigas yankees el otro día. Yo, con expresión circunspecta, no sé qué responder. No es una cita que marque en mi calendario. En mi país eso no se lleva, le digo, aunque no estoy segura de estar en lo cierto. Ella sonríe y seguramente piensa: “Europeos… ¿Qué se puede esperar de ellos?”. Ella lo tiene todo bajo control: reserva en el restaurante (imposible si no encontrar una mesa esa noche), modelito elegido y canguro para el niño. Nadie se toma esta celebración a la ligera. Si tienes pareja, la cena es obligada y las flores recomendadas; si estás soltera: helado, manta y peli. Parece el previsible guión de una “romcom” de serie B, pero después de un tiempo aquí, te das cuenta de que los clichés tienen su base científica.

En cualquier caso, ignorarlo es fútil. Ni en el supermercado te libras. Pasillos llenos de globos, tarjetas, bombones, osos, ositos y oseznos… Es el mismo pasillo que dentro de un mes estará plagado de huevos de pascua de color pastel, que a principios de junio acumulará cachivaches patrióticos varios para celebrar el 4 de julio y que se dará un respiro en verano para comenzar, en septiembre, con la espiral del horror: disfraces de Halloween, adornos de Acción de gracias y espumillones navideños para, empalmar de nuevo en enero, con los osos y los bombones. Ese el ciclo de la vida del supermercado americano medio.

Yo, que soy de naturaleza cínica, suscribo lo que una vez me contó Ashton Kutcher sobre este día. “Deberíamos celebrar el amor 364 días al año y que el 14 de febrero fuese el día del odio. Puedes mandar un ramo de flores a aquellos a los que no soportes con una nota: “No me gustas”. Estoy por empezar yo misma esta tradición. Sin acritud.

Autora La espía

Mi código postal: 90210. Mi trabajo: espiar a mis famosísimos vecinos de mi barrio y aledaños.

La espía
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Te cuento lo que se dice en los pasillos de los estudios de cine y TV, los hoteles de lujo y los restaurantes de moda de Los Ángeles, la única ciudad capaz de ser decadente de día y glamurosa de noche.

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