Vegas, baby!

Acabo de volver de Las Vegas y aunque como muy bien dice el eslogan “What happens in Vegas, stays in Vegas”, en calidad de espía me siento en la obligación de saltarme el dicho a la torera y contaros lo que he visto durante el CinemaCon, que se ha celebrado allí esta semana. Durante cuatro días, Hollywood en pleno (sus estrellas, directores, productores, publicistas, gerifaltes de la industria y periodistas) hacen las maletas y se plantan en sin city.

Un estudio detrás de otro (Paramount, Disney, Warner, Sony…) presentan sus novedades para el próximo año e intentan seducir a las grandes cadenas de salas de cine, mientras reparten unos premios oportunistas y vacuos a las estrellas de las películas de este año. A saber: Morgan Freeman (por Oblivion), Armie Hammer (por Lone Ranger), Joseph Gordon-Levitt (por Don Jon), Melissa McCarthy (por The Heat), Chris Pine (por Star Trek) o Hailee Steinfeld (por Ender’s game). Y así hasta el infinito y más allá…

Yo asistí a la presentación de Disney en el Caesars Palace y se me pusieron los dientes largos, la verdad. El presidente del estudio, Alan Horn, con una vis cómica notable para un mandamás de su calibre, fue presentando las películas que el estudio y sus filiales (Marvel, Pixar, Dreamworks…) estrenarán en los dos próximos años y todo me pareció apetecible. Me intrigaron los 20 minutos que vi de 'El llanero solitario', me encantó (no puedo decir más bajo amenaza de excomunión) Monsters University, la secuela que Pixar estrenará el 21 de junio y tengo ganas de ver a Tom Hanks haciendo de Walt Disney (Saving Mr. Banks), a Angelina Jolie en Maleficient y muero por saber qué demonios es Tomorrowland, cuyo guión es obra del genial Damon Lindelof (guionista de Perdidos) y cuyo prota será George Clooney.

Johnny Depp, siempre misterioso y siempre sexy, estuvo por allí junto a Armie Hammer, el llanero solitario. No fue la única súper estrella. Brad Pitt se dejó ver para darle un empujón a World War Z que, según me cuenta un crítico que ya la ha visto, es impresionante…

Con los deberes hechos, y ya que estaba allí, me di una vuelta por el Strip. No soy fan de Las Vegas, la verdad. Los casinos no me gustan, las multitudes tampoco y la “folclórico-horterada” (permítaseme este fantástico adjetivo patentado por mi madre) de los hoteles temáticos nunca me ha fascinado… Cada vez que voy, juro que no volveré. Y nunca lo cumplo.

Las Vegas es el triunfo de la ostentación, del despilfarro energético, del tan contemporáneo “vivir con encima de nuestras posibilidades”… ¿Cómo si no, una ciudad en medio del desierto puede permitirse esas fuentes que bailan y esas piscinas del tamaño de un campo de fútbol?

Y todo, mientras la ciudad sigue creciendo sin aparente control… Aunque ahora este circo urbano se ha hecho un pequeño lifting y pinta un poco mejor que antaño. Los hoteles faraónicos de cartón piedra, como el Luxor, el Venetian o el Paris, ya no se llevan. Hace dos años, abrió sus puertas en mitad del Strip el City Center, un complejo con cinco nuevos hoteles y sus pertinentes casinos, tiendas y galerías de arte. Paseando entre sus edificios futuristas nadie diría que estás en Las Vegas…



Su centro comercial, Crystals, es un híbrido entre museo de arte moderno y galería comercial de mírame y no me toques. Si eres una yonki del trapillo como servidora, excusas… Crystals es a Vegas lo que Rodeo Drive, a LA. Es decir: Chanel, Dior, Vuitton, Yves Saint Laurent, Tiffany… Para todos los bolsillos, vamos.



A pesar de la multimillonaria cirugía reparadora, qué queréis que os diga… Aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Las Vegas sigue siendo la ciudad decadente y deprimente de toda la vida. Solo hay que darse una vuelta por un casino a las ocho de la mañana y ver a esos turistas desorientados que juegan a las tragaperras porque sin luz natural ni relojes a la vista, ya no saben ni en qué día viven. Si me preguntan a mí, Vegas es la escenificación hortera de todos los males de nuestro tiempo.

Vamos, que si yo fuese vecina de Alcorcón, iba pidiendo ya el asilo político en algún municipio colindante…

Autora La espía

Mi código postal: 90210. Mi trabajo: espiar a mis famosísimos vecinos de mi barrio y aledaños.

La espía
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Te cuento lo que se dice en los pasillos de los estudios de cine y TV, los hoteles de lujo y los restaurantes de moda de Los Ángeles, la única ciudad capaz de ser decadente de día y glamurosa de noche.