¿Sabéis esa sensación de creer que estáis obsesionadas con algo porque veis lo mismo por todas los sitios? Pues eso me pasa a mí últimamente con las bodas. Como diría el niño de "El sexto sentido", están por todas partes.
Lunes, 8 de la mañana. Llego al trabajo y una compañera empieza a contar cómo fue la boda de su hermano. Enciendo el ordenador, abro Mujerhoy.com y veo tres reportajes sobre bodas en la portada. Vaya casualidad, pienso. Abro mi perfil de Facebook y tengo seis amigos que han actualizado su perfil con fotos de bodas a las que han acudido el fin de semana. Me paso a Twitter y algunas de las personas que sigo solo hablan de lo divertida que fue la boda de la bloguera Peeptoes. Empiezo a preocuparme...¿de verdad es mucha casualidad o es que empiezo a estar obsesionada?
Los expertos me dirían que estoy en la fase que corona la pirámide de Maslow, pura autorrealización. Sea cierto o no, yo sigo viendo bodas por todas partes. Por ejemplo de famosos. No hay web, revista o programa de televisión sobre el mundo del corazón en los que no se recoja, al menos un enlace. El fin de semana pasado, sin ir más lejos, tuvieron lugar las de Carlos Baute, Patricia Conde y Esmeralda Moya. Éste se celebrará la de Andrés Iniesta y Anna Ortiz, y hace dos las de cuatro celebrities más. Lo bueno de ver fotografías de otras bodas es que resultan muy instructivas, y te sirven para apuntar lo que quieres y no quieres hacer. Desde la elección del vestido hasta la del sitio, todo sirve ahora como "objeto de estudio" para coger ideas.
De momento, ya se varias cosas: que no pienso pasear en calesa como Tamara Gorro, que no me pondré un vestido tan pomposo como el de Margherita Missoni, que no dejaré que el novio me plante la mano en el culo cuando nos estemos haciendo las fotos oficiales de la boda como hizo Patricia Conde y que, aunque el lugar del enlace de Raquel Sanchez Silva me parezca idílico, está demasiado alejado de mis posibilidades. Lo bueno es que, soñar, todavía sigue siendo gratis.