Tener unos días de vacaciones eran sinónimo de escapada, relax y descanso. Pero eso era antes, antes de decidir que nos casábamos. Ahora, la palabra "vacaciones" lleva implícito un "por fin tenemos unos días libres en los que podemos invertir el tiempo en organizar la boda". Resulta agotador, pero mucho más gratificante.
Así que entre revistas, folletos informativos, pruebas de invitaciones, cuadernos, fotos, post it y el ordenador, me despido de vosotros hasta el año que viene. Será entonces cuando mis nervios empiecen a estar a flor de piel y las tareas sigan amontonándose. Pero no importa, porque si el 2012 puedo calificarlo de excelente, el 2013 se convertirá seguro en insuperable. ¡Feliz entrada y salida!
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