Yo he sido una de esas personas que se han quejado por auténticas tonterías en muchos momentos, y que han visto el vaso medio vacío cuando no tenían motivo por el que hacerlo. Sobre todo en las últimas semanas, cuando me he agobiado por el dinero, por el tiempo... ¡hasta por un vestido!. Cosas que realmente carecen de valor frente a lo realmente importante.
No se si es esto de la Navidad que dicen que nos vuelve más sensiblones, pero he llegado a un punto en el que he decidido echar el freno y aprender a mirar las cosas con algo más de perspectiva. Ya hay suficientes situaciones horribles en el mundo como para protestar por estupideces. Una boda no deja de ser más que la unión entre dos personas que se quieren, el resto es algo totalmente secundario (aunque quiera seguir haciéndolo lo mejor posible).
Poco a poco todo marcha, y al final todos esos miedos, inseguridades y agobios terminarán por desaparecer. Puede que de las 50 cosas que hay apuntadas en nuestra lista de detalles pendientes para la boda no haya tachadas más de tres, pero las ganas y la ilusión todo lo pueden, y el momento de disfrutar ha llegado. ¡Que nadie nos haga sentir culpables por tratar de ser felices!
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