Han sido muchas tardes sentados en el sofá con una libreta, un bolígrafo, una calculadora y la carpeta de menús en la mano. Parece que las matemáticas se han convertido en nuestro pasatiempo preferido de los últimos tiempos, con tal de dar con la fórmula perfecta. Fórmula que, como era de esperar, aún no hemos encontrado, teniendo en cuenta que nunca va a llover al gusto de todos.
Nosotros teníamos muy claro que primero habría un cóctel, no solo porque resulta más entretenido y apetecible al llegar al recinto, si no porque además así se podría aprovechar el jardín antes de la cena. El problema viene después. ¿Dos o tres platos? Como os dije en el anterior post, la gente de alrededor trata de dar su opinión con la mejor intención, pero lejos de encontrar una solución, empiezas a dudar más sobre cualquier cosa. Frases como: "Tres platos es demasiado, seguro que muchos ni probarán uno de ellos" o "Poner solo dos platos queda escaso" son las que más hemos escuchado en los últimos días, pero aún no hemos podido llegar a una conclusión.
La lógica te lleva a pensar que si se trata de una cena de verano no debería ser demasiado copiosa, pero la preocupación que nuestras abuelas y madres nos han transmitido alguna vez con el famoso "mejor que sobre que no que falte", hace que te replantees muchas cosas. Entre otras cosas porque si te decides a poner únicamente dos platos la cosa se complica: ¿carne o pescado? Y es que, pese a lo que muchos pensábamos (yo entre ellos), muy pocos restaurantes te ofrecen la posibilidad de dar a elegir a los comensales entre un plato y otro el mismo día de la boda.
De modo que aquí seguimos, sentados en el sofá haciendo cábalas con qué comerán nuestros invitados sin que con ello perdamos amistades porque pasen hambre o tengamos que rehipotecar nuestra casa con tal de que todos salgan rodando. ¿Lo conseguiremos?
Sigue el blog Hasta que la boda nos separe en Facebook