Ha sido breve, pero lo suficiente como para cambiar de aires. No os voy a mentir, no logré olvidarme de las mil cosas que tengo que hacer en los próximos meses y la escasez de tiempo de la que dispongo, pero al menos conseguí que todo pasara a un segundo plano durante 48 horas. Porque aunque esté disfrutando de todo lo que supone organizar la boda, a veces es necesario no pensar en ello.
Y como compañera de viaje no podía haber tenido otra mejor que mi hermana, fiel amiga, y el apoyo más importante en todo lo que concierne al gran día. Este fin de semana, que fue un regalo para ella, al final lo ha sido también para mi. ¡Gracias Sister!
Ahora, de vuelta a la realidad, sigo inmersa en esa lista interminable de tareas, pero con las pilas bien cargadas para (como dirían en los concursos de la tele) pasar a la siguiente fase. ¡Allá vamos!
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