Me vais a permitir que en el post de hoy no hable de mis últimos avances en la boda o sobre las últimas tendencias en el sector nupcial. Hoy quiero dedicarle este espacio a mi amiga Olga. Ya os hablé de ella hace unos meses cuando se convirtió en la primera lectora incondicional de Hasta que la boda nos separe, y hoy vuelvo a hacerla un hueco por la lección de vida que me está dando día tras día al enseñarme sin querer a relativizar los problemas, a ver las cosas con perspectiva, a valorar la palabra amistad y a ver el día a día desde un ángulo mucho más positivo. 

Cuando mi amiga María me presentó a Olga hace años tuve una especie de "flechazo". Era un auténtico torbellino, no paraba de hablar, gesticulaba todo el tiempo y soltaba un comentario ingenioso con cada cosa que sucedía. Congeniamos enseguida, y me pareció una de las personas más divertidas que había conocido nunca. Cinco años después, sigo opinando exactamente lo mismo. Por eso, cuando el pasado 14 de febrero nos contó que le habían diagnosticado cáncer de mama me quedé completamente en shock.

Automáticamente mi mente empezó a maldecir esa horrible enfermedad, a la suerte, al destino o a todo lo que puedes echar la culpa tratando de buscar un por qué. Porque aunque es algo que no deseas a nadie, cuando tocan a uno de los tuyos (y con solo 25 años y una alegría desbordante) el palo resulta aún mayor. El nudo que se me hizo en la garganta empezó a hacerse más y más grande, pero traté por todos los medios de no derramar ni una lágrima delante suya. Lo sorprendente fue que mientras mis amigas intentaban hacer lo mismo, ella fue quien empezó a animarnos a nosotros. "No os preocupéis, os prometo que me voy a poner bien", nos dijo convincente. "Y Meri, no es por nada pero voy a ser la más guapa de tu boda con mi pelucón, ya verás", me dijo entre risas. Automáticamente, lo que parecía iba a convertirse en una reunión de seis chicas llorando sin parar hablando de lo injusta que es la vida, terminó por ser una noche más de risas charlando sobre todo lo que se avecinaba pero sin dramatismos ni aparentes tristezas. 

Debo reconocer que hubo un momento en el que pensé que toda esa energía y positivismo que la caracteriza empezaría a desaparecer, pero el hecho de que lo esté mostrando más que nunca no hace más que mi admiración por ella siga creciendo. Solo ella es capaz de contarte con una sonrisa cómo son sus sesiones de quimioterapia, bromear con el hecho de cuántos hijos tendrá ahora que le han congelado 14 óvulos, contarnos entre risas como fue la pigmentación de cejas, e invitarnos a una super fiesta de pelucas y pañuelos para celebrar su cumpleaños. Todos los que tenemos la suerte de conocerla damos buena cuenta de ello. 

Para que veáis que no miento, os dejo el enlace al blog que ha abierto con su historia, en el que narra sus "olgadas" y cuenta el día a día de una grande que no se rinde ante nada. Su título premonitorio lo dice todo: Te prometo que me voy a poner bien. Os encantará. 

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Autora María Aguirre

Fui novia en apuros en busca de la boda perfecta. Ahora te acompaño desde la barrera hablando de novias, vestidos, anillos y algún que otro quebradero de cabeza.

María Aguirre
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María Aguirre

Fui novia en apuros en busca de la boda perfecta. Superada la prueba, volvería a decir "sí" un millón de veces más. ¿Tu también te casas o tienes boda a la vista? Acompáñame en este espacio sobre ceremonias, vestidos, anillos, banquetes y algún que otro quebradero de cabeza. Escríbeme a bloghastaquelabodanossepare@gmail.com