Estimado Sr.,
Acabo de leer su carta, en la que ha querido transmitirme su particular visión sobre las cuestiones relacionadas con la igualdad y la violencia de género y una serie de propuestas concretas, de las que tomo buena nota. Como su misiva no incluye dirección ni remite y como tampoco es la primera vez que recibo una carta de estas características, he querido responderle desde esta maravillosa tribuna que me facilita la revista Mujer Hoy, el blog "Mujer, mujeres" y que me permite además trasladar este mensaje a muchas más personas, involucradas en el mundo de la mujer desde los más diversos ámbitos.
Le agradezco muchísimo, en primer lugar, el que haya querido compartir conmigo tan íntimas reflexiones que, por otra parte, soy consciente de que representan el sentir de muchos otros hombres. Sin duda, si no nos explicamos bien, los organismos competentes en la protección de la mujer corremos el riesgo de ser contemplados como una amenaza desde un punto de vista estrictamente masculino.
Precisamente por eso, y ya que usted se ha tomado la molestia de escribirme, quiero yo también corresponderle intentando explicar cuál es la posición de la Dirección General de la Mujer y de la Consejería de Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid en las materias que le preocupan y que motivan su carta: la igualdad y la violencia de género.
En primer lugar, nuestra premisa básica: total y absoluta intolerancia y rechazo, o "tolerancia cero" como se dice ahora, hacia cualquier manifestación, del tipo que sea, de violencia de género. No hay nada en el mundo, ninguna circunstancia, y permítame que muestre la postura más radical, que justifique la violencia de un hombre sobre la mujer en su condición de saberse, o creerse, más fuerte. No existe atenuante en la consideración de la mujer como un objeto, un ser inferior, el intento de "cosificación" de la mujer que supone el maltrato machista. Por eso, intentamos prevenir este tipo de situaciones y poner a disposición de las víctimas una completa red de recursos, para ayudarlas a recuperarse y retomar la vida que un día se vio brutalmente interrumpida contra su voluntad.
Una vez establecida esta primera condición, hay también otro planteamiento irrenunciable: los hombres y las mujeres ciertamente no somos iguales, como tampoco lo son los hombres y las mujeres entre sí, como tampoco ningún ser humano es igual a otro, pero sin duda tenemos los mismos derechos, las mismas oportunidades y también, es verdad, las mismas obligaciones. Sin embargo, la realidad que viven muchas mujeres demuestra que desgraciadamente esto no se cumple en todos los casos: diferentes salarios por el mismo trabajo, dificultades en la contratación para determinados puestos, enorme esfuerzo para conciliar la vida familiar, profesional y personal, barreras familiares, culturales y sociales para poder estudiar o trabajar,… Por eso, en este caso, tratamos de sensibilizar a toda la población respecto a la necesidad de que el hombre y la mujer se complementen, se corresponsabilicen y se apoyen el uno al otro, en la educación de los hijos, en el hogar, en las empresas… y desarrollamos para las mujeres programas y servicios que impulsen su desarrollo personal, familiar y profesional.
Es muy sencillo, pero muy elocuente, el ejemplo que usted mismo menciona en su carta. Sí, puede que un hombre se sienta mal vistiendo un pantalón rosa. Su fortuna es poder elegir entre llevar el rosa o el azul, en función sólo de cuál es el que le hace sentirse mejor. Eso, que en definitiva se conoce como libertad, es lo que deseamos para todas las mujeres: un espacio cierto de libertad y de igualdad de oportunidades que cuente con el respaldo y el respeto de toda la sociedad. Esta premisa, en última instancia, resume nuestra posición y nuestros objetivos y es el eje de todo el esfuerzo y el trabajo de los profesionales que integran el área de la Mujer en la Comunidad de Madrid.
Siempre a su disposición.