Este post estaba destinado a inaugurar mi blog. Os prometí una mujer estimulante, seductora, de vida agitada… Lo pensé en cuanto comencé la lectura de María Antonieta, de Stefan Zweig (por cierto, recomiendo también su obra dedicada a José Fouché, ¡maravillosa lectura!). De hecho, no recuerdo con exactitud si fue antes el huevo o la gallina: ¿pensé en escribir un blog al empezar a leer María Antonieta o comencé a leer buscando mujeres inspiradoras?
Fue sin duda una mujer fascinante, con una vida extraordinaria que acabó convirtiéndola en la víctima más popular de la guillotina. Casi la mitad de su vida transcurrió en una cárcel de oro. Fue una reclusión voluntaria, arrastrada por una glotonería voraz hacia la diversión, la frivolidad y la evasión de una realidad que le resultaba mortalmente aburrida. También el encierro marcó el final de su vida. Presa ahora del odio, el caos y el terror de la revolución, encierro forzoso por voluntad del pueblo.
Pero, más allá de los avatares de la biografía de la reina y del retrato fiel de una época que estremeció el devenir histórico, la principal lección de la obra de Zweig es la interesante personalidad de María Antonieta. Si durante su encierro dorado, la delfina y luego reina de Francia se refugió en una infancia largamente superada, en una ensoñación abandonada al tedio y al placer, la mujer de carácter, la estratega política, la conspiradora incansable, apareció sólo al final de su vida.
Zweig interpreta que fue entonces cuando se reveló por fin el instinto político en sus genes. Con toda humildad y vaya por delante mi admiración hacia el genial Stefan Zweig, creo que efectivamente afloró en la reina cautiva el instinto, pero no el político, sino la intuición de una mujer que siente a su familia en peligro, la hiperactividad furiosa de una madre que se rebela ante el futuro trágico que se cierne sobre sus hijos, el valor y dignidad de una esposa que, aunque en este caso ya no ama a su marido, lo respeta como hombre y como rey. Una leona herida de muerte que, ciega de dolor, presenta una última y desesperada batalla para salvar a sus cachorros.
Las madres de hoy, madres amas de casa, madres adoptantes, madres trabajadoras por cuenta ajena, madres solteras, madres de occidente, madres del Sur, madres musulmanas, madres…, todas las madres, siguen dando hoy ejemplo de esa lucha diaria. Hay casos impactantes, como el de algunas mujeres que para salvar a sus hijos han llegado a mover obstáculos que superan con mucho la fuerza física de un ser humano; casos conmovedores, como el anuncio maravilloso en el que a una mujer le toca la lotería y cambia el boleto premiado por el de su hija sin que ésta se dé cuenta; casos extremos, casos que nos sorprenden, enternecen, nos hacen reír o nos emocionan. Pero también está el día a día de todas esas madres y los deberes de las mates al volver del trabajo, las últimas noches cosiendo disfraces y horas de calculadora para comprar las mejores botas de fútbol.
Dice Zweig que, al final de su vida, Maria Antonieta aprendió por fin a ser reina. Me gusta creer que quizá lo que sucedió es que, para entonces, la reina ya era madre.
Hasta muy pronto, queridas amigas.