Son muchos los avances que se están consiguiendo, que estamos consiguiendo entre todos, en el ámbito de la igualdad de oportunidades en España. No en vano, las españolas llevamos decenas de años de lucha a la espalda para adquirir prerrogativas y libertades incuestionables para los hombres, como el reconocimiento del derecho al voto.
No siempre las noticias son positivas. Como en todo ascenso complicado, con gran esfuerzo se avanzan dos pasos, dos pasos más y ya en el sexto, cualquier pequeño desliz provoca algún retroceso. En ese momento, uno se desespera, el reto aparenta inalcanzable, surgen las ganas de abandonar, de renunciar a seguir adelante. Pero muchas veces, los retrocesos no son tales, no llegan a ser pasos atrás sino meros titubeos, un simple detenerse a pensar donde apoyar el pie, buscando la seguridad de que se trata de terreno firme.
La violencia de género sigue existiendo en España, a pesar de los muchos esfuerzos y recursos dedicados a combatirla desde todos los frentes posibles. Cada una de las víctimas constituyen el más duro varapalo en el camino, el retroceso es brutal. En algunas partes del mundo los derechos de las mujeres simplemente no existen… Y aún hay mujeres que no estudian, que no acceden a determinados empleos, que no trabajan, que no cobran lo mismo, que no cuentan con las mismas oportunidades de promoción. También en los países más desarrollados.
Se han presentado estos días los datos de las alumnas inscritas en las diferentes facultades de Medicina españolas: la presencia femenina en sus aulas desborda cualquier mayoría. Es un hecho. Pero además, este año sin ir más lejos, casi el 65% de los estudiantes de Medicina que han aprobado el MIR son mujeres. Cuando llevamos años reclamando una necesaria mayor presencia femenina en las ciencias y tecnologías, los datos constituyen un resultado maravilloso que demuestra que, en nuestro país, muchas de las carreras tradicionalmente cursadas por hombres han dejado de ser territorio tabú. Un avance significativo.
Y sin embargo, esta noticia que resulta intrínsecamente positiva ha suscitado una polémica entre las sociedades de profesionales. "Demasiadas mujeres en las diferentes especialidades", "las bajas por maternidad suponen un problema laboral", "aumentarán las bajas laborales o el absentismo por motivos familiares", "las mujeres médicos trabajan menos horas"…
Aún obviando que las doctoras cumplen con los niveles académicos, con las pruebas de MIR y acceso, con las guardias y con su horario laboral sin deferencias, ¿acaso no es así entre las profesoras y las enfermeras?; más allá de que en la oferta pública de empleo el Ministerio tiene en cuenta la corrección de género a la hora de abrir vacantes; al margen de que algunos estudios internacionales demuestran que la feminización de las consultas resulta positiva para los pacientes -que dicen encontrar en su doctora un carácter más abierto, empático y comunicativo-… La cuestión no tiene mucho más recorrido.
Ya he utilizado en otros posts el refranero español, porque refleja y expresa las ideas como nadie. La polémica de las doctoras es una muestra de cómo, al albur de la difícil situación económica y social, se trata de explicar lo inexplicable. Es decir, "a río revuelto ganancia de pescadores". Estos días hemos sabido también que por primera vez todos los equipos que participan en los Juegos Olímpicos incluyen mujeres, también los musulmanes. En el ámbito deportivo, como en la Medicina, como en cualquier otro orden de la vida, la clave reside en la excelencia. Una vez más la sabiduría popular es genial. Simplemente, "que gane el mejor".
Hasta muy pronto, queridas amigas.