Más de mil millones de personas, cerca de un tercio de los países miembros de las Naciones Unidas, más de un tercio del PIB mundial… Muchas miradas han estado puestas en la cumbre birregional entre la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños y la Unión Europea, celebrada los días 26 y 27 de enero en Santiago de Chile.
En realidad han sido dos encuentros paralelos, aunque irremediablemente ligados entre sí: un evento internacional que se celebra cada dos años y reúne a líderes empresariales, personas e instituciones del mundo de la empresa de América Latina, el Caribe y la Unión Europea, y la Cumbre América Latina y Caribe-UE de Jefes de Estado y de Gobierno.
En total, nada más y nada menos que un millar de líderes políticos y empresariales -sesenta y dos jefes de Estado y de Gobierno- de uno y otro lado del Atlántico reunidos como dos entidades supranacionales. Por un lado nuestra vieja Europa y por otro, la aún recién nacida con apenas tres años de vida Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, debatiendo en el marco de una cumbre denominada “Alianza para un Desarrollo Sustentable: Promoviendo Inversiones de Calidad Social y Ambiental”.
Como dijo el presidente chileno Sebastián Piñera al término de la cumbre, “el intercambio de ideas, personas, comercio e inversiones se ha mantenido siempre intenso, ayudando a forjar la comunidad de destino que es el espacio euro-latino-americano y caribeño. Juntos podemos hacer la diferencia en las grandes cuestiones globales. No por fatalidad, sino por elección y convicción”.
Espero que sea esa misma libertad de elección y sobre todo, la convicción, la que les ha llevado a incluir en la agenda una novedad importante con respecto a pasadas ediciones: el género. Si bien poco resaltado por los medios de comunicación en una iniciativa de sabor eminentemente económico y que dejó una secuencia de imágenes en las que las mujeres, como siempre, eran una presencia escasa, los firmantes de la declaración y el plan de acción mostraron la voluntad política de atraer inversiones en un marco de responsabilidad y apostando por objetivos sociales, como la priorización de las cuestiones de género.
El plan de acción aprobado por la cumbre incluye compromisos como trabajar por garantizar la igualdad de oportunidades, el ejercicio y promoción de los derechos de la mujer incluyendo su participación política y económica, la eliminación de todas las formas de violencia contra la mujer o el empoderamiento económico y participación de la mujer en la toma de decisiones.
Ojalá sea cierto. En un par de años tendremos que pasar revista.
Hasta muy pronto, queridas amigas.