A sus 54 años, Carolina de Mónaco guarda esa belleza serena y elegante que tomó heredada de su madre. Licenciada en filosofía en París, madre de cuatro hijos y rostro femenino más representativo del Principado desde que falleciera Grace Kelly, la vida de esta princesa no ha sido, sin embargo, un sencillo cuento de hadas.

En los asuntos sentimentales, Carolina no lo ha tenido fácil para escribir finales felices. Tras un cuestionado romance con el galán Philiph Junot, la princesa se casó en 1978 con el plebeyo con una seria oposición familiar y, pasados dos años de matrimonio, la esperada separación.

La hija de Rainiero y una recién fallecida Grace Kelly (otro duro mazazo para Carolina en 1982), mantuvo breves idilios con Robertino Rossellini y Guillermo Vilas antes de que llegara el que muchos consideran su verdadero amor: Stefano Casiraghi.

La Princesa y el multimillonario se casaron el 29 de diciembre de 1983 y tuvieron tres hijos: Andrea (1984), Carlota (1986 y heredera natural de la belleza y elegancia de su madre), y Pierre (1987). Pero su cuento de hadas tampoco tuvo esta vez un final con perdices. Stefano Casiraghi fallecía en un trágico accidente en el mar mientras practicaba off-shore en 1990.

Sumida en la desolación, Carolina se retiró de la vida pública para dedicarse al cuidado de sus hijos y se trasladaron a vivir a la zona de la Provenza. No sería hasta los últimos años de los 90 cuando volvió a ejercer su papel de Princesa de Mónaco, coincidiendo poco después con Ernesto de Hannover, padre de su cuarta hija, Alejandra, y, al parecer su amor definitivo, a pesar de los continuos rumores de crisis que planean sobre la pareja.