La historia de amor de Rainiero de Mónaco y Grace Kelly y la de Alberto II y Charlene Wittstock están separadas por varias décadas pero, al mismo tiempo, unidas por una serie de paralelismos que hacen más romántica si cabe la otra boda del año, con el permiso de Kate y Guillermo.

Y es que parece que padre e hijo han seguido un guión muy similar a la hora de buscar, y encontrar, a las mujeres de su vida. Rubias, altas, muy elegantes, con una figura envidiable... Si bien es cierto que el glamour de Grace Kelly es difícilmente alcanzable, la belleza serena de Charlene Wittstock no se queda atrás.

Cuando conoció a Rainiero, Grace Kelly rodaba en el Principado "Atrapa a un ladrón", junto a Cary Grant, y triunfaba en Hollywood con películas como "Mogambo" o "La angustia de vivir", por la que recibiría un Óscar en 1954.

Al igual que Rainiero y Grace, Cherlene y Alberto también se conocieron en Mónaco por cuestiones laborales de la nadadora. La joven estaba en el Principado en una competición en el año 2000 cuando se encontraron por primera vez. Sin embargo no fue hasta los Juegos de Invierno de Turín en 2006 cuando hicieron su primera aparición juntos.

Pero hay más paralelismos. Mientras Charlene ha conquistado diferentes éxitos deportivos durante su carrera como nadadora, Gracia de Mónaco también estuvo muy unida la deporte, pues su padre obtuvo tres medallas olímpicas en remo.

Además, ambas son extranjeras (Grace Kelly era americana, y Cherlene es sudabricana), las dos dejaron sus carreras profesionales cuando conocieron a sus futuros esposos y tanto una como la otra se casan lejos del hogar de la novia en ceremonias multitudinarias. Tras el enlace, y como ya ocurriera con Grace Kelly, Charlene pasará a ostentar el título de Alteza Serenísima.

Sólo queda esperar que la historia de amor entre Alberto y Cherlene no tenga un final tan trágico como el de Rainiero y Grace Kelly.