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¿Quién es esa chica?

Anne Igartiburu

Esta semana, Anne reflexiona sobre el papel de nuestras deportistas mujeres en Río 2016.

Diecisiete -recuérdalas una a una, aquí-. Esas son las medallas que nuestros deportistas han traído de Río. Las olimpiadas han dado de sí lo que han dado. Y cuando parecía que otros protagonistas en forma de mosquito o de chutes de anabolizantes les iban a restar protagonismo, todos nos hemos quedado pegados a la pantalla. No solo con el baloncesto o el tenis, sino con deportes minoritarios que ofrecen un espectáculo que nosotros ni por asomo soñaríamos realizar. Esos triples saltos, el bádminton o el remo, da igual, todo ellos nos han parecido héroes del esfuerzo y el sacrificio, en un tiempo de récords y exaltación de lo inmediato.

Y aquí inmediato no hay nada, bien lo saben ellos. Y sobre todo ellas, las heroínas de canchas y pistas, piscinas y circuitos que nos hacen mirar la tele preguntándonos: "¿quién es esta chica?"

Aquí solo vale la constancia y el tesón para darlo todo en un tiempo demasiado corto comparado con cuatro años. Qué digo, casi toda una vida de entrega a algo en lo que ni siquiera una firma de cosmética repara e invierte. Curioso, ¿verdad? Que mujeres que nos llegan, nos emocionan y son referente, no tengan más protagonismo en el día a día de imágenes deportivas de la comunicación o de la publicidad. Seguro que todas querríamos que nuestros hijos imitaran su capacidad de superación.

Nuestras deportistas nos han tenido pendientes de sus éxitos y nos han hecho pensar en todo lo que han pasado para llegar allí

Sin faltar a otros, pero casi juraría que muchas de nuestras medallista pasan menos tiempo ante las consolas de juegos virtuales que otros tantos jugadores de éxito. Es cuestión de elección y ellas han elegido conscientemente. Muchas peleando no solo contra el reloj cronológico sino incluso contra el biológico, ajustando ciclos de entrenamiento con su opción de vida llena de satisfacciones. Olé por ellas, porque la palabra paridad –esa tan políticamente correcta, tan manida– se ha hecho efectiva, incluso con una medalla más que sus compañeros varones, aquellos que las observan con admiración. Sin podio especial por un vestuario u otro –masculino o femenino–, son compañeros de retos y ratos. Vuelven llenas de satisfacción porque nueve son las medallas femeninas pero otras tantas les admiramos y nos las colgamos figuradamente con su permiso, para que se nos contagie toda su energía. Esa que nos ha tenido pendientes de sus gestos y nos ha hecho pensar en todo lo que han pasado para llegar allí.

Nos gustan estas mujeres que viven ya una realidad no exenta de esfuerzo para llegar a conseguirla y que se la debemos en parte a ellas. Quisiera un 'spot' con Ruth -aquí su medalla-, Maialen -rememora su triunfo en aguas bravas- o Carolina -así se colgó el oro- anunciando coches o galletas que convencieran a mis hijos, por ejemplo.

Gracias, chicas y gracias a todos los hombres que les acompañaron en el camino, los que creyeron en ellas sin dudarlo desde el principio, padres, hermanos, parejas, maestros y entrenadores. A vosotros también os debemos hoy una sociedad igual en condiciones y para el disfrute de los que vienen detrás. Celebremos lo conseguido con una sonrisa, atándonos bien los cordones y una coleta alta para cuando sudemos.