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Santa y Madre

Anne Igartiburu

Esta semana, Anne Igartiburu habla de la canonización de la Madre Teresa de Calcuta.

Leo estos días la noticia de la canonización de la madre Teresa de Calcuta, la Santa de los pobres. Como gesto de apertura, este nombramiento llega de manera más ágil que en otros casos por parte del Vaticano. Tuve la fortuna de visitar la casa de las Hermanas de la Caridad en Calcuta y pasar con ellas algún tiempo. Recuerdo estar en la sala de neonatos, donde los bebés luchaban por su vida ante la mirada de voluntarias que llegábamos de todo el mundo.

No todos estamos preparados para ver sufrir a los niños, pero las Hermanas muestran la capacidad de entrega con aceptación. Ninguna jamás me mostró que lo que allí se estuviera haciendo fuera algo excepcional, sino lógico y necesario. Todo sucedía demasiado rápido, tanto, que parecía no suceder nada. Una cuna ocupada por la mañana, por la tarde podía estar vacía para que fuera suplantada por otro bebé. El mausoleo de la hoy Santa se encuentra allí, en una sala con un panteón sobre piedra blanca y siempre con flores y velas.

Entonces, recién fallecida la hermana Agnes, su nombre secular, y demasiado joven aun, no era consciente de lo que marcaría mi paso por aquella casa en el futuro. Acudía como oyente invitada a un congreso bienal sobre adopciones en todo el mundo en Nueva Delhi y llegaba a Calcuta con muchos datos y demasiada prisa. Pero el tiempo se paró en aquellas salas para cuajar con algo de quietud todo lo visto y vivido en La India.

Ese fue mi despertar de la conciencia de una humanidad global y grande y una actitud de no juicio. Cuando me pregunto por qué he tomado alguna de las decisiones de mi vida, me respondo: "Porque sentía que así debía ser". Para sentirlo, he debido forjar algunas creencias que seguro se han fundamentado en vivencias, como mi paso por lugares como aquel. El Papa Francisco tiene razón: todavía cuesta llamarla Santa. La palabra Madre nos es más familiar.

He podido también leer sobre la cuestionable gestión de las donaciones recibidas por la congregación de las Hermanas de la Caridad. A mí me gusta pensar que, con cada abrazo, cada mirada con esos pequeños ojos de color indescriptible, cada frase que sentenciaba o mano tendida que tocaba, ha habido un ser humano al que le ha cambiado la vida.

Pero Santa Teresa es solo una de tantas santas religiosas y misioneros en todo el mundo. En España hay unos 14.000 misioneros entregados a una causa conviviendo con diversas culturas y religiones, dando ejemplo de pluralidad y apertura. Hacen ‘encaje de bolillos’ para crear hospitales y escuelas. Educando a mujeres que educarán a su vez a familias y dotando de recursos, materiales, espirituales y emocionales a millones de personas. Yo lo he comprobado.

En este caso, la figura del Señor es lo que les empuja a seguir adelante, porque en Él creen, pero no confundamos eso con una mala gestión o un sectarismo excluyente. Quisiera creer así.